Son muchos niños, que parecen multiplicarse en el mismo número que los palos y soportes que sostienen las endebles casas construidas sobre el agua del Estero. Y ese mediodía del viernes pasado, todos corren a un solo punto: la entrada de la escuela.

Otros, retenidos por sus madres, esperan lo que va a acontecer sentados sobre una roca en una esquina, como la mujer morena de unos 25 años que sostiene en un brazo a un bebé, con la mano derecha intenta controlar a uno más grandecito y le rodean otros tres niños. “Ella tiene siete hijos”, explica Julio Simisterra, rector de la escuela Rafael Morán y presidente de la cooperativa de Brisas de los Esteros, donde habitan unas 560 familias de recursos limitados.

En los dos últimos años (desde que funciona el centro educativo), Simisterra ha buscado colaboraciones voluntarias para reunir juguetes y hacer agasajos a los escolares. Pero, este 2002 llegó una ayuda inesperada.

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El pesista Alfredo Anzules recibió este año dos medallas doradas en el campeonato mundial y sudamericano de potencia, y por eso quiso compartir su alegría con los infantes con regalos. Se puso una camiseta roja y un gorrito navideño del mismo color, a sus hijas Karina, Angie y Eliana, también las vistió igual y se dirigió a Brisas de los Esteros a entregar 180 muñecos y fundas de caramelos.

“Estuve averiguando en qué escuelita podía dar regalos, por todo lo que yo he recibido esta temporada”, relata Anzules, mientras sobre una mesa se sacan de unos cartones muñecas de plástico y reproducciones de los personajes de la película Star Wars. Son tantos niños que los obsequios parece que no alcanzarán.

¿Sabes quién es Alfredo Anzules o qué hace? “No”, contesta Adonis Zambrano Macías de 10 años, quien merodea por la mesa tomado de la mano con su hermanito Erick, de 4 años. Y aunque estudia en el primer grado de la escuela Rafael Morán, no tiene tique para reclamar su presente. Intenta pedir uno, pero ya entregaron a todos.

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Sin embargo, aparece Steven, su otro hermano de 7 años, que sí alcanzó un juguete y golosinas. Se encuentran en la puerta de la escuela, comparte unos caramelos y Steven le deja ver a Adonis el muñeco de Star Wars, con el que jugarán los tres cuando regresen a casa.

Luego de la fiesta, la vida cotidiana en Brisas de los Esteros sigue casi igual. Aunque en esta época muchos niños disfrutan de sus regalos. Dos hermanitos quieren estrenar sus patines, pero para eso tienen que caminar varios metros sobre el cascajo, procurando que las ruedas no se raspen con las piedras, hasta llegar a la calle asfaltada y comenzar a deslizarse mejor.