A la sombra, un debate circula por entre los equipos de gobierno de Lucio Gutiérrez y entre los funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores: ¿debe ser un diplomático de carrera el próximo Canciller? El debate, aparentemente, florece más que por un afán por “profesionalizar” la dirección de la política exterior, por la perspectiva inédita de un canciller nacido de las filas indígenas, Nina Pacari.

La historia de la dirección en la política exterior durante cerca de dos décadas y media de democracia no ha sido precisamente una historia de diplomáticos.
Si bien esta etapa se inauguró en 1979 con un diplomático de carrera, Alfonso Barrera Valverde, que debió enfrentar el conflicto con el Perú de comienzos de 1980, posteriormente se turnaron políticos y diplomáticos.

En el gobierno de León Febres-Cordero (1984-88) presidió la Cancillería uno de sus líderes de campaña, Édgar Terán Terán. Mientras tanto, Rodrigo Borja (1988-92) buscó el término medio: alguien que tuviese una larga trayectoria diplomática, pero no precisamente en la Cancillería ecuatoriana: Diego Cordovez.

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Sixto Durán Ballén (1992-96) comenzó con alguien de su círculo íntimo que tuvo tropiezos en el camino, Diego Paredes, para culminar su período con un diplomático de carrera. Fue el único momento en el que dos diplomáticos no solamente se sucedieron en el cargo sino que encadenaron un gobierno con el otro: Galo Leoro y José Ayala Lasso durante los regímenes de Durán-Ballén, Abdalá Bucaram (1996-97), Fabián Alarcón (1997-98) y Jamil Mahuad (1998-2000).

Finalmente, dos personajes que llegaron desde vertientes distintas, Benjamín Ortiz, desde el círculo de amigos de Jamil Mahuad, y Heinz Moeller, compañero de clase de Gustavo Noboa (2000-2003) en el Cristóbal Colón, demostraron que, a pesar de todo el proceso de maduración del equipo humano de Relaciones Exteriores, el mando continuaba en manos del presidente de la República.

Y aquello no ocurre solo en el Ecuador, afirma el ex embajador y político Mauricio Gándara. En Europa, sostiene, con frecuencia el canciller surge de la bancada legislativa mayoritaria. En Estados Unidos se da la paradoja de un militar presidiendo las relaciones exteriores y un civil, el frente militar.

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A partir de esos ejemplos, Gándara subraya que lo importante es que en la cabeza de la Cancillería esté un político con conocimientos y tesis, que puede ser o no diplomático de carrera, mientras los funcionarios del Ministerio son el soporte técnico para una buena implementación de esas políticas de gobierno.

Esta diferencia entre lo técnico y lo político es reiterada por el editorialista de EL UNIVERSO, Nicolás Parducci, para quien el área administrativa de las carteras de Estado debe ser responsabilidad técnica, “mientras la toma de decisiones la debe tener quien ha sido elegido por el pueblo para ejercer el Gobierno”.

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Parducci reitera que las democracias maduras procuran asegurar estabilidad, pero en cuanto a los equipos de operación. “No es necesario que sea un funcionario de carrera, como tampoco el Ministerio de Defensa tiene que estar presidido por un militar de carrera”, concluye Parducci.

Con suficiente asesoría, un político asegura mayor independencia y ajuste a las necesidades del país, opina por su parte un ex canciller, Diego Cordovez, quien manifiesta el peligro que puede resultar de un comportamiento de agremiados (casi un sindicato) en la Cancillería.

El respaldo a un gobierno se volvería menos independiente y transparente, añade.
Mientras tanto, ¿qué estaría tras la presión para que Gutiérrez se decida por un diplomático de carrera?

Para Gándara, nada más que el interés de Heinz Moeller –con quien el presidente electo ha desayunado en dos ocasiones– por asegurarse una sucesión favorable.
Tal vez la única excepción que se puede señalar en cuanto a la condición del canciller, ocurrió en los procesos de negociación en las relaciones con el Perú que han estado presididas por diplomáticos de carrera (Barrera Valverde, Diego Cordovez, Galo Leoro, José Ayala). Pero esa antigua sabiduría acuñada por la diplomacia ecuatoriana en torno a la enmarañada historia del territorio ecuatoriano desde tiempos de la Real Audiencia y que se la conocía en los manuales colegiales como “Problema de límites”, ha quedado atrás. Los temas de hoy como el Plan Colombia, la Base de Manta o la integración regional, son temáticas de otra naturaleza.

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