Para boxear y ganar algo de dinero, Hernández sube esta noche al ring.

El dinero escaseaba: fueron casi 16 meses que Luis Morochito Hernández no tuvo ni una sola pelea. Los empresarios boxísticos desaparecieron. Se acostó y antes de que el insomnio lo perturbara tuvo una idea: organizar sus propias peleas. Igual, no pudo dormir.

La primera persona en enterarse fue su esposa, Diana Torres, y no dudó en apoyarlo. El resto de sus amigos boxeadores creyó que estaba equivocado. Pero su determinación fue más fuerte.

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Pensó que si su madre, María Chalá, lo viera convertido en boxeador y empresario, estaría orgullosa. Ella murió cuando Morochito tenía apenas un año de edad.

Así fue como Hernández primero buscó apoyo en Puerto Quito y Nanegalito. Las veladas boxísticas en esas plazas, con mucho, lograban costear los gastos de las programaciones. Y eso jamás lo venció.

Hace seis meses fue a Sangolquí, Pichincha. Allí vio el coliseo y habló con la gente que lo administraba. Acordaron que el alquiler del local costaría $ 700. Así la ilusión creció y no le fue mal. Pagó a todos los boxeadores, a los árbitros y le quedó algo para pagar antiguas deudas.

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Hace cinco semanas efectuó otra programación, pero se atrevió a más, quiso pelear en Quito. Alquiló el coliseo Julio César Hidalgo por $ 1.500, justo cuando su segundo hijo, Luis, nació. Pensó en un gran futuro para él: colegio privado, buena ropa, juguetes...

Ganó el combate y luego hizo que cada uno de los boxeadores se pusiera en fila para pagarles con el rostro adolorido por los golpes fuertes del colombiano Juan Iguarán. Pero se quedó sin un solo centavo de ganancia.

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Por eso, esta noche vuelve al cantón Sangolquí, donde el boxeo tiene gran aceptación y su figura es la de un héroe criollo. Su rival para despedir el año es el cuatro veces campeón amateur de Colombia, Luis Mosquera.

La temporada del 2002 ha sido una de las más productivas desde que abandonó el campo amateur, en el que fue nueve veces campeón nacional welter, y medalla de plata en el preolímpico de la cita de Atlanta 1996. “Este año he tenido más actividad, y lo mejor, con mi propio esfuerzo”, comenta bastante emocionado.

Los últimos días han sido muy duros. Entrena por las mañanas; luego, hace todos los arreglos del coliseo de Sangolquí. Se preocupa por contratar y definir las peleas y a las 16h00 llega al gimnasio del estadio Atahualpa para entrenar con La Cobra Luis Buitrón.

La imagen del hombre fuerte se agota cuando baja del ring. El ser humano aflora cuando habla de su hija Michelle, y su niño de un mes y medio, Luis. Más aún cuando confiesa que nunca ha celebrado un día de la madre. Allí una lágrima se le escapa.

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Cuando la borra de su rostro, se ríe fugazmente y envuelve sus manos en vendas. “Hay que trabajar y muy fuerte en esto”, dice mientras golpea los guantes antes de entrar de nuevo al ring.

LA VELADA
HORA

 La programación en el coliseo de Sangolquí empieza a las 19h00. Son dos peleas profesionales, cuatro amateur y dos de espontáneos.

PROFESIONAL
La otra pelea profesional será entre Rodolfo Vega (Pichincha) y Humberto Sosa (Guayas).

PRECIOS
Las entradas cuestan 2 dólares la general y 5 para el ring side, es decir, la localidad más cercana al cuadrilátero.

INVICTO
Luis Morochito Hernández tiene al momento 16 peleas profesionales y no ha sido derrotado.