Las esperanzas de la oposición venezolana de que los militares desobedezcan a Hugo Chávez se apagaron luego que el jefe del ejército, general Julio García Montoya, expresó su respaldo al presidente. 
 
En un mensaje al país, García rechazó el paro general organizado por la oposición, que calificó como un acto de irresponsabilidad social y política. 
 
García advirtió además que la institución castrense está dispuesta a impedir que prospere   esta apuesta por el colapso económico y social de la nación. 
 
El pronunciamiento del ejército se registró el lunes cuando se cumplieron en Venezuela 15 días de un paro nacional, que intenta obligar a Chávez a renunciar o a convocar a elecciones anticipadas. 
 
García hizo un llamado a la ciudadanía para que no se deje manipular por quienes quieren utilizarlos como escudos humanos para poder salir ilesos del peligroso malabarismo que están intentando. 
 
Su mensaje fue una bofetada en el rostro de los dirigentes opositores que han pedido a las fuerzas armadas desobedecer las órdenes de Chávez. Chávez ha tratado de usar a los militares para romper la huelga, emplazando tropas en estaciones de servicio, requisando camiones de gasolina, y tomando el control de tanqueros. 
 
Pero pese a esos esfuerzos, el paro nacional, que tiene su punto más fuerte en la vital industria petrolera, ha disminuido drásticamente las exportaciones de crudo, reducido el abastecimiento de alimentos, y causado incesantes protestas de partidarios y enemigos del gobierno. 
 
Al agudizarse el caos en Venezuela, el quinto país más importante en producción de petróleo, la volátil situación se reflejó en la bolsa mercantil de Nueva York. Por primera vez en dos meses, el petróleo llegó el lunes a los 30 dólares por barril. 
 
Chávez ha rechazado las demandas de que convoque a elecciones anticipadas, indicando que la constitución no las permite hasta agosto, al cumplirse la mitad de su período presidencial. También ha dicho que no piensa renunciar. 
 
Entre tanto, la oposición prometió más protestas este martes, en su esfuerzo por obligar a Chávez a renunciar antes de las Navidades. 
 
También los dirigentes opositores proyectan una marcha hacia el palacio presidencial, aún cuando la última vez que lo intentaron, el 11 de abril, 19 personas murieron y centenares fueron heridas, algunas, a manos de civiles pro-chavistas. 
 
La violencia en abril, que coronó una campaña de oposición similar a la que se registra ahora, desencadenó un golpe militar que desalojó a Chávez del poder durante dos días. Sus simpatizantes salieron a las calles cuando el efímero gobierno de Pedro Carmona disolvió la constitución, y repusieron al presidente en el Palacio de Miraflores. 
 
Pero la oposición ha jurado que esta vez se quitará a Chávez de encima, y que no permitirá su retorno. 
 
Esta es una lucha hasta el final, dijo Carlos Ocariz, del opositor partido Justicia Primero. "Si el presidente quiere jugar con fuego, jugaremos con fuego".