Las reacciones al anuncio de Rumsfeld no fue solo política, los mercados internacionales registraron un aumento de 0,6 dólares en el precio del barril de petróleo. Los mismos 0,6 dólares que perdió el barril cuando Iraq aceptó la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aceptando el regreso de los inspectores de armas y alejando, al menos temporalmente, la amenaza de una guerra.

Un conflicto bélico en Iraq supondría un aumento en la demanda de combustibles, la reducción (sino suspensión) de las exportaciones de los principales productores mundiales como Arabia Saudita y Kuwait, vecinos de Iraq, lo que sumado a la cercanía de la estación invernal en el hemisferio Norte hace predecir un aumento en el precio del petróleo. ¿Cuánto? La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) prevé que el barril de crudo puede llegar a cotizarse en 40 dólares. Hay quienes no dudan en duplicar esta cantidad.

Los países exportadores de petróleo y más aún aquellos lejanos a la zona del conflicto, como Ecuador, se beneficiarían del aumento.

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Al reducirse las exportaciones de los grandes productores y principales proveedores de EE.UU., los demás exportadores encontrarán más oportunidades en el mercado del principal consumidor mundial de crudo.

Pero, al aumentar el petróleo quienes importan sus derivados (combustibles, caucho, resinas, etcétera), como Ecuador, enfrentarán el aumento en el costo de estos productos.

Por eso, la OPEP habla de la conveniencia de un conflicto corto. Algo que Washington no puede prometer, pues el derrocamiento del presidente iraquí, Saddam Hussein, puede provocar reacciones más radicales que las que causó la guerra contra el régimen Talibán en Afganistán.