La descentralización está todavía en el debate, aquí, en Europa, y allá, en Ecuador. Este es uno de los temas obligados por tratar los finalistas en la carrera a la presidencia. No se trata de más leyes. Está en la Constitución y en disposiciones expresas. Más que esto, es una actitud política que se debe adoptar frontalmente. O vamos seriamente por ese camino o dejamos que los pueblos sucumban en medio de la maraña administrativa y mendigando los recursos para desarrollarse.
Francia va a someter al Legislativo un proyecto de reforma constitucional, aprobado por el Consejo de Ministros, con lo que se pretende descentralizar el enorme aparato estatal. El plan del nuevo gobierno es disminuir los impuestos nacionales para favorecer la creación de tributos locales, sin que esto constituya –han asegurado– una explosión de estos últimos. De hecho, el impuesto a la renta ha sido reducido en el 5% conforme a las ofertas electorales. Mientras, París reclama para sí el control del transporte que se realiza por metro y trenes hasta hoy en manos del Estado. Para evitar la falta de equidad con los que menos tienen, el Alcalde de Sceaux ha propuesto un reparto similar al de Alemania, por el cual se asegura un mínimo de ingresos por habitante, que fluctúa entre el 80 y 120% de la media nacional, tomando como referencia los presupuestos de los territorios más ricos. La idea es cumplir la ley de modo escalonado desde julio del 2003.
España está tratando de dar más poder a las alcaldías en una nueva etapa de transferencia de competencias, es decir, de recursos que les permitan atender las atribuciones que les están dando ahora. Pero –y esto es lo importante– esos fondos provendrán de las compañías telefónicas móviles, y las empresas de telefonía fija, electricidad, gas y agua entregarán el 1,5% de sus ganancias. De esta manera, el proceso autonómico estancado en regiones podrá llegar a los gobiernos seccionales, quienes solo manejan el 15% del gasto público, mientras que las comunidades autónomas lo hacen en 40%.
En Italia, cuya descentralización alcanza a grandes regiones, estas no gozan sin embargo de autonomía fiscal. Por ello, ese país está caminando hacia un federalismo de ese corte a fin de hacer una realidad la descentralización. No obstante, el problema sigue siendo económico. Alemania no está en su mejor momento y esto influye, sin duda, en los demás países de la Unión Europea.
En Guayaquil, el alcalde Jaime Nebot está dando una muestra clara de ir hacia adelante, se marque o no el ritmo autonómico en el país.
Lo dicho indica que la descentralización, si no va acompañada de la voluntad de hacerla, de la autogestión y del desplazamiento de recursos nacionales, no funciona ni aquí ni allá.






