Es su quinto intento electoral por alcanzar la Presidencia de la República. El fundador de la Izquierda Democrática asegura que mantendrá la dolarización.

En el pequeño estudio del departamento ubicado en un barrio de clase media alta de la capital, un hombre de 67 años, mediana estatura, incipiente calvicie, mirada firme y rostro surcado por las líneas de expresión, redacta el plan de gobierno que presentará en su quinta campaña presidencial.

Es el ex presidente Rodrigo Borja Cevallos, quien durante sus 42 años de carrera política ha buscado el poder de manera constante.

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Su prima Susana Donoso Cevallos lo recuerda “chiquito, rubio, medio pipón, muy travieso”, que desafiaba el frío serrano cubierto con una delgada camisa. Eso le costaría encierros diarios en el cancel del Pensionado Borja, donde hizo parte de su educación primaria.

“De los castigos nació mi amor por la libertad” y mi agnosticismo, dice Borja, quien luego pasó al Colegio Americano, donde se graduó.

Como presidente de la Asociación Escuela de Derecho de la Universidad Central fustigó al Gobierno de Camilo Ponce Enríquez. Combinaba los estudios con el trabajo de locutor en la radio HCJB, lo que le sirvió para superar una ligera tartamudez.

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En 1967 se desafilió del Partido Liberal junto a un grupo de jóvenes con los que fundaría la Izquierda Democrática (ID). Su tenacidad lo llevó de pueblo en pueblo para conformar la estructura del nuevo partido. Once años después el triunvirato militar se disponía a entregar el poder a un presidente electo en las urnas; triunfó Jaime Roldós Aguilera y Borja, en su primera incursión como aspirante a la presidencia, quedó en cuarto lugar.

El periodista Julio Zary recuerda al joven político que llegaba al diario El Comercio a entregar los boletines de prensa que él mismo redactaba; también lo vio pintar en muros la propaganda de la ID. En las entrevistas de prensa aún dicta las respuestas como si impartiera cátedra, señala en voz alta los puntos, las comas, el punto y coma...

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Luego de triunfar en la primera vuelta de las elecciones de 1984, Borja se fue de vacaciones a Aruba mientras el socialcristiano León Febres-Cordero, quien lo derrotaría en la final, hacía campaña de casa en casa. Muchos consideran que en la pérdida influyó la famosa frase “míreme a los ojos” exclamada por su oponente en un debate televisado.

Tras una feroz oposición al Gobierno, en 1988 la ID captaba la Presidencia de la República y ponía en el Congreso 29 diputados de un total de 82, lo que le permitió gozar de una cómoda mayoría los dos primeros años y controlar la Corte Suprema de Justicia.

Pese al poder adquirido, la ID no logró materializar los cambios prometidos. En ese período se realizó una costosa y más publicitada que efectiva campaña de alfabetización y en lo económico se estableció el gradualismo que devaluaba la moneda semanalmente, medida que, una parte del sector productivo, consideraba lesiva a sus intereses.

Un supuesto negociado en la compra de planchas de zinc para las escuelas fiscales, permitió a la oposición legislativa destituir al ministro de Educación, Alfredo Vera. La misma suerte corrieron otros ocho ministros.

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Borja logró que la guerrilla de Alfaro Vive Carajo depusiera sus armas. También ordenó que se dieran todas las facilidades para la llegada de miles de indígenas a la capital durante el primer levantamiento indígena en 1990.

Aunque en varias ocasiones se desplazó en aerolíneas comerciales para ahorrarle gastos a la caja fiscal, Borja realizó una veintena de viajes al extranjero y recogió doctorados honoris causa, lo que fue duramente criticado por la oposición.
En el Palacio de Gobierno la jornada del Presidente empezaba temprano y terminaba cerca de la media noche, no sin antes recorrer la casona para comprobar que estuvieran apagadas todas las luces.

Su ex canciller, Diego Cordovez, lo describe extraordinariamente tímido, lo cual le hace tener actitudes que parecen arrogantes.

Pero Borja no demostró timidez al vestirse, varias veces, durante su gobierno, de piloto, bombero, ferrocarrilero, submarinista.

 Evita discutir sobre economía porque no quiere que se descubra esa debilidad. “Su fuerte es el derecho constitucional”, recalca Cordovez.

En lugar de convocar al gabinete ampliado prefería reunirse con los ministros de los diferentes frentes del régimen, comenta el ex presidente de la Junta de la Vivienda, Patricio Mena.

Cordovez lo encuentra proclive al adulo de un grupo de fundadores de la ID, “cuyas ideas se quedaron en la década de 1930, quienes se convirtieron en los cortesanos de Borja”. La generalización no incluye al ex ministro de Gobierno, Andrés Vallejo, quien pese a su amistad entrañable, no vacila en refutar a Borja en lo que considera desacertado.

Rodrigo Borja aún defiende con ardor muchas de las ideas que planteaba en la década de los años 80. Ha sido crítico con la dolarización, pero ahora, en campaña electoral, dice que es un camino sin retorno y que se esforzará por mantenerla.