La bailarina guayaquileña, de 31 años, se satisface profesionalmente cuando  sus amigos y alumnos obtienen  logros en la danza.

Su primera ilusión a los 9 años fue convertirse en gimnasta. Dos años más tarde su sueño era otro cuando ingresó a estudiar ballet en el Instituto Raymond Maugé Thoniel.

Sin embargo, fue la danza contemporánea la que cambió su aspiración y le exigió ser bailarina profesional, enseñar su arte y presentarlo mediante su grupo de trabajo que se llama Danzasur.
Así inició su carrera la bailarina, instructora y directora Fanny Herrera, de 31 años, quien supone que las personas pueden creerla inconstante por variar en sus estudios. Pero también advierte que sus decisiones cambiaron  de acuerdo con lo que la hacía sentir más feliz.

Publicidad

Su padre, Víctor  Hugo Herrera, le exigió que antes de dedicarse a la danza debía entregarle un título universitario, por lo cual se graduó de Publicidad y Marketing.  Y mientras estudiaba, también trabajaba como cajera en el Banco Continental y ensayaba en el cuerpo de baile de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas, que dirigía el coreógrafo y director de Sarao, Lucho Mueckay.

Luego perteneció al grupo Sarao, en el que estuvo cerca de cuatro años. Su entrega a la danza la motivó a ser disciplinada, organizada, responsable e independiente, esta última cualidad la desarrolló desde 1995 cuando como directora creó la compañía Danzasur junto con los bailarines Omar Aguirre, Ángela Arboleda y María Pérez.

El nombre del grupo responde a que el primer local donde se asentó quedaba en el barrio Centenario y ahora está en el norte; Herrera comenta que se debe a la ubicación de Ecuador en América.

Publicidad

Publicidad

A esta bailarina no le gustan los protagonismos, por lo cual prefiere evitar las grabadoras y las cámaras fotográficas. Solo disfruta del éxito de sus compañeros y de sus alumnos.

Su faceta de publicista no se desvincula del baile, pues para el montaje de sus espectáculos recurre a su perspicacia para conseguir auspicios. Fanny Herrera quiere dedicarse, en un futuro, a marketing del arte.

Publicidad

Desde hace más de diez años es instructora de danza y durante seis ha  compuesto coreografías.
Su compañero de oficio y antiguo profesor, Lucho Mueckay, revela un profundo respeto, cariño y admiración “hacia esta mujer que pese a los riesgos, aciertos y sobresaltos, representa la otra opción –fuera de Sarao– de impulsar la danza contemporánea”.

En la personalidad de Herrera se descubren su amabilidad, nerviosismo, perseverancia y timidez.  Una de las debilidades que siempre le señaló Mueckay fue “que en el escenario debe tener más sangre, más temperamento”.

Danzasur tuvo dos etapas de trabajo que se vieron interrumpidas por el nacimiento de la mayor dicha de su vida: su hijo Mateo, quien tiene 2 años y medio. La semana pasada la compañía presentó la obra Lunáticos, que a decir de la bailarina fue un éxito, pues hubo bastante público.

Su hermana menor, Alexandra Herrera, se graduó de balletista, sin embargo, nunca ejerció la profesión. De su niñez, Fanny recuerda que su madre siempre las vestía iguales y salían juntas a todo lugar, de lo contrario no iban a ningún lado.

Publicidad

Con sus primos formó una banda musical que se denominaba Alegría. En todas las reuniones familiares hacían presentaciones de canciones, a las que Fanny les cambiaba la letra y el resto de niños bailaba. Muy poco la dejaban salir a fiestas y cuando lo hacía, le exigían que llegara máximo a las doce de la noche.

Sus rodillas tienen cicatrices debido a las continuas caídas al montar bicicleta o patinar. De vez en cuando, por insistencia de su mejor amiga, Aleida Sandoval, acude a la misa de su colegio.
Con su esposo, Fernando Saavedra, comparte las tareas del hogar. Él cocina y lava la ropa y ella mantiene limpia la casa.