La regularizaciónde los inmigrantes que trabajan como empleados domésticos comenzó esta mañana en Italia. Este proceso permitirá la legalización de alrededor de 200.000 personas que prestan ese servicio a las familias italianas.
Las oficinas postales iniciaron la distribución de los formularios que deben llenar los empleados del servicio doméstico (con un máximo de uno por familia) o los dedicados al cuidado de personas ancianas o impedidas.
Desde primeras horas de la mañana se formaron largas filas para recoger los impresos en algunos sucursales en las grandes ciudades, en especial Roma y Milán (norte), donde hay una mayor presencia de inmigrantes sin papeles.
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Sin embargo, las autoridades italianas han realizado un gran esfuerzo para evitar las aglomeraciones y el caos que se produjeron en un proceso similar en 1998, cuando la última amnistía en la que los trabajadores indocumentados pudieron legalizar su situación.
Los detalles del programa, denominado Emersione Lavoro Immigrati (ELI), están recibiendo amplia difusión a través de los medios de comunicación.
"No hay por qué pelearse, hay tiempo suficiente para hacer los papeles con tranquilidad", aseguró hoy el prefecto de Roma, Emilio del Mese, al recordar que en las oficinas postales se han dispuesto ventanillas especiales para distribuir los impresos.
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Se trata de documentos que el empleador deberá presentar en correos en un plazo de dos meses a partir del próximo 10 de septiembre, fecha de entrada en vigor de la nueva Ley de inmigración.
Por el trabajador se deberá pagar la cantidad de 290 euros, correspondientes a los seguros sociales de tres meses más una tasa de 40 euros para los costes del proceso.
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A partir del 11 de noviembre ambos serán citados mediante una carta certificada para presentarse en la prefectura de Policía, donde se comprobarán que todos los datos son correctos y se oficializará la firma del contrato de trabajo, que tendrá una duración de un año.
El inmigrante recibirá el ansiado permiso de residencia, con vigencia por ese mismo plazo. De este programa quedan excluidos los que ya hubiesen sido expulsados previamente de Italia o los que cuenten con una condena penal.
El salario mínimo para el empleado doméstico será de 439 euros mensuales, al tiempo que podrá contar con alojamiento y los gastos de un eventual viaje de regreso a su país.
En los casos de fraude o de falsedad en la declaración existen penas de cárcel de entre seis y nueve meses. Para quien no pone en regla a un empleado la pena se eleva a un año de prisión y una multa de 5.000 euros.
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El programa de regularizaciónque ha emprendido el Ejecutivo del conservador Silvio Berlusconi también incluye a los trabajadores inmigrantes clandestinos en las empresas, que según algunos cálculos pueden alcanzar la cifra de 300.000 en toda Italia.
Para ellos también hay previstos formularios disponibles ya, aunque el Gobierno todavía no ha aprobado el decreto con las condiciones exactas para su regularización, lo que se espera suceda a primeros del próximo mes de septiembre.
El caso de los empleados domésticos sí viene sin embargo contemplado en la denominada Ley Fini-Bossi, aprobada por el Parlamento el pasado 11 de julio en medio de fuertes críticas de la oposición de centroizquierda, que la consideraba demasiado restrictiva.
Se trata de un texto que impone severas limitaciones al acceso de extranjeros a Italia, ya que sólo podrán entrar los que previamente tengan un contrato de trabajo y por su período de vigencia.
Por primera vez se establecen penas de cárcel para los inmigrantes que sean expulsados y vuelvan a entrar ilegalmente en el país, al crearse el delito específico de inmigración clandestina.
Entre las medidas polémicas que introduce la ley figura la toma de huellas digitales a todos los inmigrantes ajenos a la UE que pidan o renueven el permiso de residencia, así como el uso de naves de la Armada para frenar los desembarcos de indocumentados.
El texto prevé asimismo la expulsión con acompañamiento inmediato a la frontera de los extranjeros descubiertos en situación ilegal y restringe la reagrupación familiar.
















