Un profesor japonés sueña con la técnica que podría permitir a los países en desarrollo ahorrar millones en divisas, luchar contra el desempleo y proteger los bosques tropicales, a través de bolsas, papel o ropa fabricados a partir de bananas y en todo el mundo:
El stand Banana Green-Gold Project del profesor Hiroshi Morishima en la exposición Ubuntu, al margen de la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo, atrae a miles de curiosos e ilustra un proyecto lanzado en agosto de 2001 con la ayuda del gobierno japonés: dos fábricas piloto implantadas en Haití, uno de los países más pobres del mundo, empezaron a producir papel a partir de cáscaras y ramas de banana.
El objetivo es extender esta técnica a los 129 países productores de bananas, principalmente en Africa, Asia y América Latina, que aseguran un 80% de la producción mundial, e inundar en 10 años el mundo desarrollado con este revolucionario producto.
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La técnica, que permite aprovechar los desechos de la producción bananera, requiere una mano de obra numerosa para adaptar este procedimiento ancestral a las herramientas modernas.
Los obreros extraen las fibras de los tallos y los rabos de plátano y a partir de ellos hacen una pulpa sin utilizar productos químicos, la extienden sobre una rejilla y la machacan con una trituradora. Una vez secada al sol, la pulpa es transformada en papel de banana. Se necesita una tonelada de desechos para producir 1.200 hojas de papel de oficina.
"Queremos extender esta producción a Uganda y Tanzania antes de fin del 2002, y a los alrededor de 100 países productores de bananas antes de 2010", explica el profesor Morishima, de 58 años. En Haití, donde el papel y los lápices son considerados objetos de lujo, la producción de papel banana ofrece un medio de subsistencia a la población y ayuda a la educación de los niños desasistidos, dice.
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Según Morishima, Filipinas, Camboya, Papuasia Nueva Guinea, Cuba, Perú y Colombia ya han manifestado interés por este proyecto.
De los 170 millones de toneladas de pasta de papel consumidos cada año en el mundo, el 95% procede de la madera. El consumo mundial se multiplicará por cinco de aquí a 2010, según proyecciones de las Naciones Unidas que hacen temer una creciente explotación de los bosques tropicales con efectos devastadores.
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La invención japonesa permitiría, teniendo en cuenta que cada año se pudren unas mil toneladas de desechos, producir 100 millones de toneladas de pulpa de banana, cantidad suficiente para fabricar la mitad del papel consumido en un año en el mundo.
Su generalización podría permitir a los países productores obtener ingresos suplementarios mediante la exportación de la pasta de banana hacia los países desarrollados, y ahorrar en sus importaciones de papel tradicional.
Morishima explica que el año pasado se publicó un libro para niños de 40 páginas hecho enteramente de papel banana y estima que con "un poco de imaginación" se pueden contemplar muchos otros usos.

















