Tengo la necesidad de narrar mi experiencia mientras mi papá estuvo hospitalizado tres meses en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), donde se nos hizo costumbre escuchar la frase: “Ya puede irse a casa”, aún cuando era notorio su padecimiento.

Pensando en que el doctor sabe lo que hace, luego de su tratamiento por multiinfarto cerebral, aceptamos una primera vez esa “dada de alta”.
Aún con sonda para su alimentación, necesitando terapia respiratoria (disponible solo para aquellos con suerte), requiriendo (según el doctor)  solo de alimentación rica en sodio que el Hospital no le podía dar, y de un ambiente más sano que el IESS por la presencia de un supuesto virus; sumado a sus lamentaciones de dolor, luego de pocos días reingresó a emergencia con úlcera sangrante.

Su úlcera fue sanada, mas otras dolencias luego lo imposibilitaron regresar con vida a casa, como aquella de que “por travieso” intentó sacarse la sonda urinaria, provocándose un grave daño en su uretra que lo obligó a más días de agonía, y a seguir soportando cierto trato de unas enfermeras.

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Es comprensible la falta de cultura, pero repudiable el descuido de situaciones apremiantes de salud. Reniego del sistema de control y  de aquellas personas que teniendo la oportunidad, excluyen de su interés los más básicos servicios humanos.
Ileana Cevallos Herrera
Guayaquil