Empresarios de ese país privilegian las plazas de trabajo para emigrantes del interior de Europa.

Para los inmigrantes ecuatorianos en España, todo indica que el plan de contingente de trabajadores en origen, fracasó. Y la gran expectativa que despertó en Ecuador la convocatoria, se quedó solamente en eso.

Los motivos: la inviabilidad de contratar a personas que viven a ocho mil kilómetros de distancia de España y la desmedida demagogia que se utilizó.

Los datos proporcionados por la Dirección de Ordenación de Migraciones son reveladores: el Gobierno español ofertó 32.079 plazas, de las cuales 10.884 son de larga duración y 21.195 de trabajo temporal; en el primer apartado se incluyen 2.243 plazas para el servicio doméstico (ya se cubrieron 27) y del restante 8.641 solo se firmaron 353 contratos, o sea el 4%.
Entonces, cabe la pregunta: ¿por qué se habló de 40 mil puestos disponibles?
La respuesta es clara para Elba Alvarado, inmigrante, oriunda de Santo Domingo de los Colorados: “pura y fría demagogia de los políticos que auspiciaron, con bombos y platillos, la firma del dichoso convenio bilateral”.

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De todas maneras, el final de este plan ya fue anunciado. Así lo alertaron dirigentes de las organizaciones de inmigrantes y ONG que trabajan en España.

Raúl Jiménez, portavoz de la Asociación Rumiñahui, asegura que el contingente de trabajadores no planteó un análisis real de la demanda laboral de España. “Las organizaciones sociales rechazaron este plan porque no se tomó en cuenta el proceso de regularización en marcha, tampoco planteaba una solución a los ecuatorianos que carecían de papeles y que fácilmente cubrirían aquellas ofertas”, dijo.

Carlos Gómez Gil, director de Alicante acoge: “es un disparate el llamado contingente porque nadie contrata a 8.000 km de distancia; ese sería el caso de Ecuador”. Un criterio que se generalizó entre los asistentes a una mesa redonda, el jueves anterior en Alicante, denominada “Presente y futuro de la inmigración”, fue el de que “casi nadie, por no decir ninguno, contrata sin ver la cara”.

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El proceso de asignación del contingente es largo y tedioso, una historia de nunca acabar, y que no es atractivo para los empresarios que necesitan urgentemente a trabajadores para las campañas agrícolas.

Consecuencia: apostar por la gente de Europa del Este porque están a dos o tres horas de distancia y aceptan lo que les paguen. Y ese hecho ya ha provocado más de un descontento.
Queda sentado que los inmigrantes mantienen vivos los campos de España.

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La mayoría de los pequeños y grandes cultivadores lo reconocen sin ambages porque es una verdad incontestable: las cifras apuntan a que los inmigrantes son necesarios para la economía porque hay muchos españoles que no quieren hacer trabajos agrícolas o de la construcción.

Pese a ello, el grifo de la regularización, está definitivamente cerrado .