Después de la frustración y del sentimiento de culpabilidad inicial, hay padres que deciden aceptar la orientación sexual de sus vástagos y ayudarlos.
“Cuando mi hijo menor de 19 años me dijo hace tres que era homosexual, me invadieron muchos sentimientos, pero sobre todo tenía un gran sentido de culpabilidad y de falla, me preguntaba qué había hecho mal. Siempre habíamos sido una familia muy cariñosa, unida más que nunca después de la muerte de mi esposo. Lloré por mucho tiempo después de esa revelación, y también me preocupé por su felicidad y estabilidad futura”, expresa Mercy, madre de tres hijos más: dos varones y una mujer.
Mercy admite que desde que su hijo menor tenía “más o menos unos 12 años, sí me llamaba la atención a veces que solo lo llamaran o saliera con compañeros varones, pero pensé que era algo propio de su edad. Yo, además, después de la muerte de mi esposo, trabajaba mucho y estaba preocupada por sacar adelante a la familia. Después fueron mis hijos mayores, preocupados también por el comportamiento de su hermano, los que comenzaron a ponerme en alerta, hasta que un día nos reunimos y se lo preguntamos directamente. Fue muy duro para todos, nos costaba aceptarlo, acudí con un especialista, leí mucho al respecto, fue una etapa muy difícil de mi vida, pero con el tiempo me di cuenta de que él era la misma persona que yo siempre había conocido y amado. Ahora tratamos de ayudarlo a que lleve una vida digna, que estudie, sea un profesional y se gane el respeto de los demás”.
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Es común que los padres reciban un shock al enterarse de que su hijo o hija es homosexual. Ya sea que lo haya sospechado hace rato o que fuera una sorpresa, enterarse siempre conllevará un choque. Los sentimientos pueden ser fuertes y confusos. Incluso al principio es difícil para ellos hablar del asunto sin lágrimas o rabia, explica Neptalí Arias, presidente de la Fundación Amigos por la Vida, que agrupa aproximadamente a 200 homosexuales, lesbianas y transgéneres.
A diferencia de Mercedes, quien finalmente se resignó a la orientación sexual de su hijo y que lo apoya, no siempre sucede así. Después del shock inicial las reacciones de muchos padres son pegarles, desconocerlos como miembros de la familia, echarlos de la casa. “Prefiero tener un hijo delincuente y no un maricón, es una frase muy común que se dice a quienes han sido descubiertos o han decidido confesar su homosexualidad”, comenta Arias.
“Aquí hemos visto casos durísimos. Chicos que han venido con sus espaldas destrozadas porque su familia los ha castigado”, expresa Arias.
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Como ocurrió con Julián, que cuando su hermano lo delató con su madre, esta lo botó de la casa después de sumergirle la cabeza en un tanque de agua. Tenía entonces 14 años y cuando volvió, el año pasado, a los 18, convertido en travestido, ella, literalmente, casi lo ahorcó. Nunca más ha regresado.
“Esto suele ocurrir con frecuencia y es lo que nosotros tratamos de evitar. Que al rechazar a los hijos y echarlos de la casa, dejan los estudios y no encuentran trabajo, porque esta es una sociedad muy discriminatoria con todo lo que es diferente, y se prostituyen”, refiere Neptalí Arias, quien dirige la fundación que brinda ayuda psicológica, legal y laboral a los homosexuales y a sus familias.
¿Cambiarlos?
El sentimiento de culpabilidad de los padres es muy fuerte. “Acá vienen madres, sobre todo, padres no tanto, que lloran y se preguntan ¿pero por qué si a todos mis hijos los crié igual?”, dice Arias.
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Ante este sentimiento de impotencia, se dan casos de chicos que son internados en las llamadas clínicas de aversión y que se fugan porque les ponen electricidad en los genitales para ver si cambian de orientación sexual, comenta Arias.
Creer que sus hijos se pueden curar o que pueden cambiar de comportamiento es algo a lo que muchos padres se se aferran. “Es que yo sé que ella va a cambiar, yo lo voy a lograr. Eso es lo que le ha dicho mi madre a una tía”, comenta Martha, de 28 años, quien le confesó hace cuatro a su progenitora que le gustaban las chicas.
“Muchos padres creen que los pueden cambiar, piensan que la orientación sexual de sus hijos es una cuestión de voluntad y no es así. Según últimos estudios, hay un componente de tipo genético que marca esa orientación que, unida, y en menor importancia, a factores de tipo educativo y socio cultural, hace que el chico o chica desarrolle su homosexualidad”, explica Consuelo Camacho, psiquiatra especializada en sexología.
En 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría declaró que la homosexualidad por sí misma no es un desorden mental o una enfermedad.
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“Hay chicos que son llevados a terapia y que por temor al rechazo, les hacen creer a sus padres que han cambiado cuando en realidad llevan una doble vida y eso es peor. Son padres y familias que se hacen los desentendidos, que no les gusta tocar el tema, que si escuchan o ven algo en televisión la apagan”, dice Neptalí Arias.
Es después de las primeras reacciones, que pueden durar algún tiempo, que suele venir el entendimiento con los hijos.
Neptalí, quien es homosexual, dice: “Es difícil para los padres. Yo siempre les digo a los chicos que intenten ponerse en sus zapatos”. Hay que dejar que los padres vivan su duelo y lo superen. “Ellos han fabricado la idea de un hijo que se rompe usualmente a los 14, 15, 16 años, cuando se dan cuenta que su hijo es diferente. Entonces hay que entender que es un luto para ellos y que tienen que elaborarlo, porque deben comenzar a fabricar otra imagen de él, pero hasta que ello ocurra va a haber discriminación, dolor y llanto”, agrega Arias.
Ayuda
En la Fundación Amigos por la Vida brindan ayuda especializada a padres e hijos con estos problemas. “Realizamos terapias por separado y en conjunto. A veces la ayuda que damos ya no solo tiene que ver con la aceptación, sino en que no sobreprotejan tanto a sus hijos. Lo ven indefenso, creen que le pueden hacer daño, pero el trato tiene que ser igual con los otros hijos, se le debe enseñar a que se respete y a que se gane el respeto de los otros”, indica Arias.
También se los ayuda con material informativo, porque como dice Arias, “la intolerancia nace de la ignorancia”.
Signos de Alerta
Hay algunos comportamientos de los hijos que pueden dar una pauta sobre su orientación sexual, indica la psiquiatra Consuelo Camacho.
Por ejemplo: Los niños, hasta los 5 años, suelen imitar a sus madres porque pasan más tiempo con ellas, pero es preocupante si estas actitudes, en el caso de los varones, son recurrentes, quieren jugar solo con muñecas y se asumen como niñas. También lo es cuando el niño o niña besa y abraza a niños de su propio sexo, pero no esporádicamente, sino de forma constante. Puede haber además amaneramientos.
En estos casos se aconseja llevarlos al especialista para saber si se trata solo de imitaciones o de una orientación sexual diferente, cuyas sospechas, según Camacho, no se podrán confirmar hasta los 18 años, etapa donde se define o reafirma la orientación sexual.














