Eran cerca de las 19h30 del lunes cuando Solórzano, de 40 años, recibió cuatro disparos hechos con una pistola de 9 milímetros.
Minutos antes, el asesino compró en una tienda cercana al hospital dos fundas de cachitos y jugo de naranja.
Los productos fueron el pretexto para ingresar como un familiar cercano de la víctima. “Aunque a esa hora no están permitidas las visitas, el hospital permite ingresos a quienes vienen del campo”, dijo Patricio Calderón, director del nosocomio.
Una vez dentro, el homicida fue hasta la habitación donde se encontraba Solórzano y le disparó a quemarropa frente a siete personas más, entre ellas Mariana Moreira, su esposa, quien admitió que hace un año y medio su esposo mató a una persona en el sector de San Isidro, del cantón Sucre.
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Por ello los familiares deducen que el móvil del asesinato era la venganza.
Según el director Patricio Calderón Montesdeoca, la víctima ingresó a esta casa de salud el domingo por heridas de perdigones en la espalda y la pierna izquierda.
La viuda dijo que no conocía al asesino y que no denunciará el asesinato, por temor a represalias contra su familia.
















