El colombiano Hernán El Bolillo Gómez, con su cuarta participación en una Copa del Mundo, la de Corea del Sur y Japón 2002, esta vez dirigiendo a Ecuador, se convierte en uno de los técnicos más exitosos de América.
En 1990 debutó en un Mundial como ayudante de su compatriota Francisco "Pacho" Maturana, con la selección de Colombia y en el Mundial de Estados Unidos 1994 estuvo también.
Bajo su responsabilidad Colombia se clasificó y participó en el Campeonato del Mundo celebrado en Francia1998.
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La obtención de la Copa Libertadores de América con el club El Nacional de Colombia en 1989 también adorna la hoja de vida del carismático estratega.
El Bolillo es capaz de romper la tensión con una de sus ocurrencias, calmar los nervios de los aficionados antes de un difícil partido saltando a la cancha para bailar un tema de moda, reconocer que se equivocó o pelearse con un directivo.
El técnico, de 46 años, inició su trayectoria futbolística actuando con la selección juvenil del Departamento de Antioquia en 1973. Fe campeón juvenil, en 1975 campeón de mayores y participó en varias ocasiones con la selección absoluta de Colombia.
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Militó en el club Deportivo Independiente de Medellín entre 1976 y 1980, y después pasó al Atlético Nacional, donde jugó de 1980 hasta 1985 y con el que se proclamó campeón del fútbol profesional colombiano.
Su sobrenombre de El Bolillo viene desde que se cortó totalmente la cabellera en su época de futbolista profesional.
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Debutó en la dirección técnica en 1985 en las divisiones menores del Atlético Nacional.
Uno de sus grandes maestros y amigos es su compatriota Francisco Pacho Maturana, con el que actuó en calidad de ayudante técnico en el Atlético Nacional y posteriormente en la selección absoluta de Colombia.
Desde que llegó a Ecuador, en agosto de 1999, se ganó el cariño y respeto de los ecuatorianos que depositaron en él toda su esperanza para que lograse la clasificación de la selección para el Mundial de fútbol de Corea del Sur y Japón 2002.
La misión no era fácil, porque Ecuador nunca antes había logrado nada en las competiciones frente a otras selecciones suramericanas, apenas ganó partidos y nada más.
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El Bolillo asumió la responsabilidad, luchó por unir a los ecuatorianos un tanto divididos por el regionalismo, se ganó la confianza y credibilidad de sus jugadores e impuso su estilo.
El juego en zona, buen trato al balón, sin pensar en el rival e intentando divertirse, fueron los objetivos principales que les propuso a sus jugadores.
Desterró el miedo escénico que atormentaba al futbolista ecuatoriano cuando debía enfrentarse a rivales como Argentina, Brasil y otros considerados grandes en Suramérica y les inculcó que enfrentarse a ellos era la ocasión más bonita que les brindaba el fútbol.
Con la selección ecuatoriana estará ligado hasta la culminación del Mundial, luego descansará y decidirá si acepta continuar en Ecuador u otras propuestas de clubes y selecciones que están interesados en sus servicios.
El colombiano estima que tras el Mundial 2002, los únicos técnicos que serán considerados buenos de los 32 participantes, serán el primero y tercero, y que los demás sólo recibirán críticas en sus países o donde dirigen.
















