Javier Jiménez fue atropellado por una camioneta que maniobró para evitar caer en la alcantarilla.

Vestido aún con su uniforme de escuela, el niño Javier Raúl Jiménez Suárez, de 11 años, yacía ayer inerte sobre la fría mesa de autopsia en la morgue de la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG).

En una esquina, con los ojos enrojecidos e hinchados de tanto llorar, su tío, Eduardo Rodríguez, apretaba con fuerza la libreta con las últimas calificaciones del niño.

“Era un buen alumno”, logró balbucear antes de ahogarse en sollozos.

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Su sobrino fue atropellado la tarde del jueves por una camioneta Toyota, de placas GES-041, cerca de su domicilio ubicado en la cooperativa Colinas del Valle, en el cantón Durán.

El hecho se produjo a las 14h00, cuando Javier Raúl, estudiante del octavo año del colegio Brisas del Río, caminaba por la acera derecha de la vía denominada El paso de la Virgen, a pocos metros de su casa.

El menor fue embestido por el vehículo que trató de esquivar el hueco de una alcantarilla sin tapa que ya tiene “varios años” en el lugar.

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“Mi hijo murió en el instante, pues el carro circulaba a exceso de velocidad y no lo pudieron salvar”, indicó su madre, Marisol Suárez.

La noticia conmovió al barrio entero. Vecinos del lugar también se vistieron de luto y decidieron exigir justicia con pancartas.

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Las proclamas apuntan en contra de la alcaldesa de Durán, Marianita de Narváez, por permitir alcantarillas destapadas. El descuido del Municipio del cantón –dijo la moradora Rosa Muñoz– ha ocasionado tres accidentes de tránsito, el último de ellos terminó con el pequeño.

También se queja de que en la vía no exista un rompe velocidades que detenga la prisa de los conductores que diariamente circulan por esa vía.

El dolor y la rabia de los familiares y vecinos se evidencian en los rostros soñolientos de todos aquellos que pasaron la noche en vela para pedir ayuda económica.

Una sábana blanca sirvió de ánfora para recoger los centavos que hoy permitirán el entierro del chico.

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Los voluntarios son los conductores, alertados ante un gran letrero que dice: “Peligro, niño muerto”. Ese mensaje se colocó luego del accidente.

El hueco fue tapado con cañas y ramas de árboles secos, para impedir que ocurra otro hecho similar.

“La familia de Javier es muy pobre y no tiene cómo afrontar los gastos, por eso decidimos ayudarla con una colecta”, refirió Patricio Matute, quien trabaja de guardia en la ciudadela Primavera 2.