Benigno Malo Valdivieso
Una fecha como hoy, pero de 1865 y 1870, fallecieron en su natal Cuenca el religioso, orador y periodista Vicente Solano Vargas Machuca y el jurista y político Benigno Malo Valdivieso.
En la revista 3 de Noviembre del Municipio de Cuenca, el escritor Antonio Lloret Bastidas consigna que Vicente Solano murió el 2 de abril de 1865, aunque otros autores señalan el 1 del mismo mes y año.
Ambos personajes merecen evocación, pues con su obra ayudaron al desarrollo y consolidación cultural de la patria en épocas bastante difíciles que exigían capacidad, entusiasmo y verdadera vocación.
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Polígrafo polemista
El fraile Solano Vargas Machuca, que perteneció a la congregación franciscana, nació en octubre de 1791. Se ordenó sacerdote en 1814 y catequizó en sectores amazónicos; enseñó teología en el convento San Diego de Quito y moral en el Seminario de Cuenca.
Se convirtió en precursor del periodismo de su provincia por la publicación El Eco del Azuay, en enero de 1828; también fundó otros periódicos como El Telescopio, La Alforja, La Escoba, La Luz y La Razón.
Muchísimas obras prueban su talento que cultivó filosofía, biografía, fábula, ciencias naturales, ensayo histórico, etcétera. Allí su primer libro La predestinación y reprobación de los hombres, según el sentido genuino de las escrituras y la razón, que le trajo dificultades por su contenido, y Bosquejos de la Europa y América en 1900, El penitente fingido, Los derechos de la verdad, Máximas, sentencias y pensamientos, entre otros.
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Su temple irónico, mordaz, agudo pero erudito le dio fama de polemista, que en repetidas ocasiones exageró los epítetos ríspidos contra sus adversarios. Solano afrontó problemas políticos en tiempos de la jefatura suprema de Vicente Rocafuerte.
Desempeñó funciones eclesiásticas y a la par que recibió críticas su talento despertó elogios. Una de sus frases más conocidas dice: “Temer siempre al enemigo es cobardía; no temerle nunca es imprudencia”.
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Patriota y educador
Benigno Malo, nacido en 1807, fue el primer rector de la Universidad de Cuenca. Descolló con plausibles méritos en la diplomacia y el periodismo; su oratoria le dio fama entre los grandes de entonces.
Por su visionaria labor industrial y agrícola se introdujo el primer motor hidráulico en sus propiedades y hubo tareas colonizadoras para sembrar algodón en el sector amazónico de Gualaquiza.
Diputado por Loja a la Convención Nacional de 1834, aunque colaboró estrechamente con las dos últimas administraciones del Gral. Juan José Flores, no tardó en censurar los errores del mandatario venezolano.
En Pasto, Colombia, fundó el periódico La Voz del Ecuador, donde criticó ciertas actuaciones del Dr. Vicente Rocafuerte. Junto con fray Vicente Solano editó La Razón y La Verdad. También actuó como diputado por Azuay en 1848 y durante el gobierno de Manuel de Ascásubi desempeñó el Ministerio de lo Interior y de Relaciones Exteriores.
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