“Hace años que no venía la procesión de Cristo del Consuelo a nuestra iglesia, sin embargo yo no he faltado a este acto religioso”, manifestó Amarilis mientras destapaba varias gaseosas a sus clientes.

En la pequeña tienda ubicada en Leonidas Plaza y Azuay, a pocos metros de la iglesia del Espiritu Santo, Amarilis junto a su hijo Andrés, de 10 años, vendieron decenas de gaseosas, cigarrillos y agua en botella, a las personas que asistieron a la procesión.

Ya habíamos hablado con el párroco para que regrese la procesión; al fin se lo consiguió, ojalá sea permanente, dijo Yagual, quien aseguró haber recibido milagros de Cristo del Consuelo.