Las instalaciones se muestran deplorables tanto en su fachada interior como exterior.
Adentro, las paredes manchadas y el invierno dejan su huella en las actas de matrimonio, facturas por pago de cédulas y registros de nacimientos que se mojaron a causa de las lluvias. Afuera luce como un mercadillo, donde se expende todo tipo de comida, bebida y mercadería.
Los empleados trabajan en escritorios viejos y con equipos obsoletos. El sistema de computación, debido a su vetustez, hace lenta la impresión y entrega de los documentos. Los tramitadores aguardan a los usuarios y los convencen de agilizar los papeleos en menor tiempo, a cambio de unos cuantos dólares.













