En el inicio de una jornada de competencia, lo primero que hace un velerista es mirar el cielo, ver cómo está el clima, la incidencia de los rayos solares y, sobre todo, percibir el movimiento del viento.

Luego, los pequeños timoneles de clase optimist ponen manos a la obra. Desde las 09h00 a 10h00 -como si se tratara de un juego de legos- comienzan a armar sus botes con todos los aparejos (mástil, vela, botavara, pico, timón, orza, poleas y herrajes).

Cuando sus embarcaciones están listas inician su travesía. Impulsando con sus pequeñas manos, ayudados de aletas de buceo o remos, avanzan hasta el área de regata (casi una milla y media mar adentro).

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Ahí, desde el mediodía hasta las 17h30 o 18h00 brindan un espectáculo en medio del sol, mar y viento. Al final, la satisfacción de ese momento vence el cansancio de la jornada.

Emoción

Juntos en el mar 167 veleros. La escena emocionó a Mario Rocafuerte, quien en diez años de labor como marinero de las embarcaciones del Salinas Yacht Club, nunca vio cosa igual. Mario, de 37 años, nació en Muey, Salinas, y  le encanta el velerismo, incluso participó  como juez en comisiones de regatas en torneo nacionales pero desea especializarse más. Por eso, recientemente recibió un curso que dictó un español.

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Respaldo

En medio del mar los pequeños veleristas no están solos. Padres, hermanos, abuelos y amigos los siguen en lanchas para apoyarlos y darles lo que necesitan en los entretiempos de cada regata. Agua, comida, una gorra o gafas para aplacar la inclemencia del sol son ideales para los navegantes que muchas veces deben esperar varios minutos hasta que se presente un viento favorable para que la competencia pueda comenzar. Los entrenadores también están pendientes de todos sus pupilos en sus propias embarcaciones.

La mejor

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María Pía  Benavides, de Perú, disputó de igual a igual los primeros lugares en las regatas individuales con los mejores veleristas de los países competidores.

Ella cumple su última temporada en la categoría Optimist, pues pronto cumplirá 15 años, y aunque no está clasificada al Campeonato Mundial de esta modalidad, en julio, no dejará el velerismo porque le encanta el viento y el mar. Al momento, por su edad, ya se prepara para ingresar a la modalidad de veleros láser (botes más grandes).

Relajados

¿Qué hacer mientras no hay las condiciones para navegar? Para los mexicanos la respuesta está en el mar. En una de las jornadas del Sudamericano de Optimist debieron esperar varios minutos para que se presente el viento, pero para relajarse aprovecharon el tiempo para zambullirse y nadar por un rato en el mar.

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Así aliviaron un poco el calor. Unos competidores de otras delegaciones los imitaron, pero la mayoría de los veleristas prefirió esperar en sus botes.

Diálogo

Para corregir errores, los veleristas cuentan con la supervisión permanente de sus entrenadores durante la competencia deportiva. Cuando hay receso, antes de cada regata, los instructores de  las delegaciones organizan en rondas, en medio del mar, a sus timoneles y les dan las indicaciones para que mejoren su táctica de navegación dependiendo de las exigencias de los rivales y de las condiciones naturales. No importa cuántos son, todos se unen entre sí y hacen círculos con sus veleros para escuchar al instructor.

El Primero

Tal vez fue el último de la competencia sudamericana de Salinas, pero eso no le preocupó a Juan Diego López, deportista de 11 años, de Ecuador, a quien solo le interesa pasar un día agradable en su bote sin importarle ser último en llegar. Su afición por el Optimist radica en divertirse y ser el primero en hacer amigos, intercambiar camisetas o recuerdos, y aunque no  pronuncia bien algunas palabras, tiene carisma y es amigo de las niñas. Su apodo es Moyado, porque no pronuncia bien la letra ‘r’.

Sanciones

El Optimist no es una disciplina complicada, pero los timoneles deben conocer todas las reglas que hay que respetar. No rozar la boya cuando superan cada manga de la regata es una obligación. Si tocan con sus embarcaciones las señales son penalizados con la siguiente sanción: deben dar una vuelta en su propio eje y luego avanzar normalmente dentro de la competencia. A veces caen en la falta porque cuando cruzan en grupos es difícil mantener el control y cualquier movimiento puede hacerlos fallar.