Enseña a tus jugadores que las reglas de juego son acuerdos mutuos que nadie debe romper o eludir.

Siempre que sea posible, agrupa a los deportistas según su edad, altura, habilidad y madurez física.

Recuerda que los niños compiten por diversión y disfrute, y que ganar es solo parte de su motivación. Nunca ridiculices o grites a los niños por cometer errores o por perder una competición.

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La organización y duración de los entrenamientos deben ser acordes con la edad y nivel de madurez de tus dirigidos.
Desarrolla en el equipo el respeto por la capacidad de los contrarios, así como también para  los árbitros y entrenadores contrarios.

Evita hacer jugar más a los deportistas bien dotados. Los futbolistas medios necesitan y merecen el mismo trato.
Sigue el consejo de un médico al decidir cuando un jugador lesionado está listo para volver a entrenar o competir.

Asume el compromiso personal de mantenerte informado acerca de métodos de entrenamientos correctos y de los de crecimiento y desarrollo de los niños.

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Importante tener reunión con los padres de familia de los discípulos para inculcarle también el reglamento en toda su dimensión y los avances de sus hijos en las prácticas y en los partidos oficiales.