El secretario de estado Colin Powell acusó ayer a los atentados suicidas palestinos como los detonantes de los cruentos estallidos de violencia. Instó a Israel a moderar sus operaciones militares de represalias.

Powell no condenó las acciones israelíes, afirmando que Washington no discutía el derecho de Israel a “responder a los actos de terrorismo” y confirmó el mantenimiento en la región del emisario estadounidense Anthony Zinni.

Estas declaraciones fueron acogidas con “consternación y decepción” por el Instituto Árabe Estadounidense, una de las principales instituciones representativas de la comunidad árabe-estadounidense.

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“Es incomprensible que un gobierno que se presenta como un líder mundial decida no hacer nada sustancial cuando lo llamamos para calmar una situación que se escapa claramente al control de ambos bandos las dos partes”, declaró su presidente, Charles Zogby.

La crisis “constituye un grave desafío para la credibilidad de Estados Unidos y su capacidad de convencer a Israel a no atacar más y humillar a Arafat”, dijo Clovis Maksoud, ex embajador de la Liga árabe en la Organización de las Naciones Unidas.

Si la situación no mejora, “el recurso del Consejo de Seguridad será la última opción” que dejaría mal parado a Washington en cuanto a su incapacidad para resolver un conflicto en el que Estados Unidos siempre mantuvo el “liderazgo”.

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Luego de mantener una prudente distancia con el conflicto de Medio Oriente, el gobierno de Bush no parece tener otra opción que mantenerse involucrado sea cuál sea el futuro de la crisis.