Crítica: En Las Peñas

11 de Agosto, 2018 - 00h00
11 Ago 2018
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11 Ago 2018

¿Dígame usted, estimado lector, si no es gratificante encontrar piqueos en el bar en el que se ha bebido ya seis whiskies al hilo, y en el que piensa beber seis más? ¿Y si esos piqueos están además muy ricos?

Pero estoy iniciando el escrito por la mitad de la historia. Realmente la noche comenzó en el Estudio Paulsen, que ocupa lo que fue la Casa Pintado, al inicio del barrio Las Peñas, en la cual vivió y compuso la música del Himno Nacional, Antonio Neumane. Esta institución se dedica a preparar estudiantes de actuación en la técnica Meisner, creada por el genial Sanfor Meisner, inspirado en el genio de Konstantin Stanislavski, probablemente el teórico de pedagogía teatral más influyente del último siglo.

¿Y qué mejor que ver en este escenario una historia, contada por los estudiantes del Estudio Paulsen, basada en un posible episodio histórico de la vida de Neumane en la convulsa Guayaquil de la naciente república ecuatoriana? Pero, ¿por qué un columnista gastronómico –me rehúso a llamarme crítico– escribe sobre teatro? Porque la cocina es un arte, y quien ama la gastronomía y es ignorante o desprecia el resto de las artes, no es más que un glotón. La gastronomía es no solo parte inherente a la cultura de un pueblo, sino que puede ser considerada un arte cuando la maestría del profesional llega a un nivel tal, como la del artesano que por lo sublime de su trabajo se convierte en artista.

Así, después de haber terminado la obra Cuatro maneras de contar un historia, de José Miguel Flores, basada en el personaje de Neumane, cruzamos al bar que está frente al Estudio, Rayuela, a escuchar música en vivo, beber cocktails y picar, convencidos de que la gastronomía es una experiencia que no necesariamente comienza ni termina con la comida.

Desde hace pocos años Francia, España y Reino Unido lideran una tendencia que intenta promocionar la cultura del cóctel como una experiencia de alta cocina. Mixology Trends, por ejemplo, encuentro celebrado en Madrid, es un intento en este sentido, trazando un camino creativo de manos de grandes chefs estrellas Michelin de la talla de Mario Sandoval, que propone bombones de foie con alcohol inyectado, o María Marte, del restaurante El Club Allard, dos estrellas Michelin, trabajando en armonías entre bebidas y cocina. En Rayuela disfrutamos de buena música en vivo, de cocktails como el mojito frutal, el mojito de coco; el jagercollins, con jagermeister, licor de café, cacao, amaretto y chocolate, o el disparo al alma, con jagermeister, tabasco y tequila.

Con estos cocktails es necesario calentar el estómago. Recomendamos las canastas de verde con lomito saltado, o con camarones y salsa parihuela, así como la tabla de chorizos, de buena calidad. Rayuela trabaja en nuevas propuestas, con un profesional traído para el efecto. Las Peñas, buen teatro, cocktails y buenos piqueos… La gastronomía es una experiencia. Y las experiencias gastronómicas comienzan mucho antes de sentarse a la mesa. (O)

Crítica: En Las Peñas
Gastronomia
2018-09-25T11:43:37-05:00
¿Dígame usted, estimado lector, si no es gratificante encontrar piqueos en el bar en el que se ha bebido ya seis whiskies al hilo, y en el que piensa beber seis más? ¿Y si esos piqueos están además muy ricos?
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