En perfecta armonía con la presentación de sus candidatos bajo el membrete del movimiento liderado por un individuo procesado y encarcelado (PPL, según el eufemismo revolucionario), el correísmo escogió como su máximo representante al exintegrante de una pandilla urbana.
En todo el país que los militares salgan a las vías, calles, barrios, a controlar el orden. Deben continuar los operativos con mano dura. El país se ha convertido en tierra de nadie, controlado por el mal, las pandillas, los sicarios, los violadores...
El país ha sido testigo de pesadillas sociales, en cuatro días se han dado crímenes impensables, uno fue de tal magnitud que convirtió en seres sin razón a los habitualmente pacíficos, llevándolos a montar una inquisición contra nuestros hermanos venezolanos. Los infernales hechos son de conocimientos público, pero de lo que nadie habla, lo que nadie se toma la molestia de analizar es qué provoca estos actos.
En la edición del lunes 21 de enero de 2019, en la página de Opinión aparece la Ventana de Bonil, al igual que los otros columnistas; es una forma de opinión, y como tal merece atención, respuestas, y como este caso, precisiones que me permito realizar: 1°. Lo ocurrido con la pandilla motorizada (con más de 200 motorizados) y su agresión contra un ciudadano es una situación que rebasa obviamente la competencia de tránsito y cae en un tema de seguridad ciudadana.
Con motivo de apoyar a un equipo de fútbol en una final de un torneo empresarial, asistí a un recinto deportivo. Lo que pensamos sería una noche de viernes con fútbol, se transformó en momentos de horror cuando al finalizar el partido (1-1) empezó una gresca por reclamos entre hinchas y jugadores, hasta llegar a escuchar una bala.

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