El comandante general de la Policía Nacional, Fausto Salinas –tercero en ser nombrado para ese cargo en la administración del presidente Lasso–, quien fue posesionado ayer en una ceremonia realizada en el Palacio de Carondelet junto con las nuevas autoridades de la cúpula militar, previamente dio una rueda de prensa con detalles sobre el hurto de 150 armas registrado en el Cuartel Modelo en Guayaquil.

Salinas dijo que las pistolas sustraídas, marca Smith & Wesson de 9 mm, se encontraban en proceso de entrega para su destrucción y estaban inhabilitadas para el uso policial –lo que no significa que no tengan utilidad para los delincuentes– y que los tres servidores policiales encargados de su custodia son investigados para establecer la cadena de responsabilidades.

Sobre el hecho, el ministro del Interior, Patricio Carrillo, manifestó que se presume “ausencia de controles y un hurto sistemático por un periodo de tiempo sin adecuada supervisión”.

Este episodio trae a la memoria otro relativamente reciente, en el que también se presume escaso control: el robo de casi tres toneladas de sustancias estupefacientes de las bodegas de la Secretaría Técnica de Droga del cantón Tena, en abril pasado. En esa ocasión, la Policía informó que horas después localizó el cargamento sustraído y detuvo a cuatro implicados.

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Ayer, durante su posesión, Salinas apuntó: “Tendré el privilegio de liderar a 51.323 hombres y mujeres policías que velan por su comunidad... Hoy no estamos en calma, enfrentamos varias crisis que surgen de conflictos no resueltos, decisiones anteriores que han complicado el presente y problemas ineludibles, como la pandemia y la violencia”.

También es ineludible que la Comandancia General, para recuperar la confianza de la ciudadanía, de manera transparente separe de la institución a los elementos que han olvidado su misión, pues una sociedad que aprecia los valores de la comunidad y confía en la calidad de sus instituciones, funcionarios y autoridades será menos proclive a la arbitrariedad. (O)

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