El Gobierno ha invitado a la Conaie a dialogar sobre políticas económicas y sociales, lo cual es plausible, pero preocupa que el dirigente de esta organización haya respondido que quiere ir acompañado de cien personas; parece que el dirigente desea repetir los hechos del octubre negro del 2019, cuando humillaron al presidente de ese entonces, que temerosamente había abandonado la capital, y desataron una campaña vandálica de diez días de terror en Quito y la Sierra centro norte. Eso la ciudadanía no lo puede aceptar, y creo que tampoco lo hará el presidente. Si el dirigente se considera tal, pues basta que él y media docena de personas más comparezcan en representación de su organización. Se trata de dialogar, no de dar discursos; sin televisión ni radio; la prensa informará todo lo que sea dicho.

Las autoridades federales de los Estados Unidos acaban de dar completa autorización a la vacuna anti-COVID-19 de Pfizer-BioNTech, siendo la primera mundialmente que supera la condición de vacuna experimental, lo que no dejará de ser tomado en cuenta por nuestras autoridades de salud, que están llevando a cabo con éxito una intensa campaña de vacunación. Dada la rápida extensión de la variante delta, tanto Uruguay como Chile están administrando a su población ya vacunada con otras marcas, un refuerzo con Pfizer.

Esto que estamos viviendo del retiro de los Estados Unidos de Afganistán tiene un significado mundial trascendental. Hace cien años, Oswald Spengler escribió su Decadencia de Occidente, refiriéndose a la disminución del poderío, influencia, de las potencias tradicionales de Europa. La potencia industrial de Estados Unidos, con una población creciente en un amplio territorio, se hacía evidente. Era el principal productor mundial de acero. A la gran guerra entró solamente en el último año, y aunque su presidente Wilson propuso la creación de la Liga de las Naciones, el Congreso no le autorizó incorporarse a ella. En la Segunda Guerra Mundial también ingresó tarde cuando el Japón bombardeó Pearl Harbor, y Hitler le declaró la guerra. Cuando los aliados triunfaron, los Estados Unidos retiraron sus tropas de Europa, pero tuvieron que regresar porque el comunismo de la URSS amenazaba a Europa Occidental, y ya dominaba la Europa Central. Inglaterra estaba debilitada y su imperio se deshacía. Desde entonces, Estados Unidos tuvo que asumir el liderazgo del mundo occidental. Su rival era la URSS, que a su vez, más tarde, se fraccionó, quedando Estados Unidos como la potencia unipolar. Hoy tiene un rival en la gigantesca China. Este retiro de Afganistán, luego de la derrota en Vietnam, y la desventura en Irak y el Medio Oriente, disminuye la confianza que antes despertaba entre sus aliados. Nadie cree que la Gran potencia americana se arriesgue hoy en una nueva aventura militar. En América Latina perderá prestigio e influencia. Las dictaduras latinoamericanas, sus gobiernos de izquierda, le mirarán con menos respeto, y poco temor. Sus devotos le perderán fe. Lo repetiremos cien veces: el Ecuador debe mantener una política centrista, sin extremismos de derecha. Tiene que convivir con varios gobiernos de izquierda en Latinoamérica, incluido México, donde está nuestro presidente. (O)