Suceden hechos decepcionantes entre ciudadanía y agentes de tránsito. Toda violencia es deplorable. Estamos de acuerdo en que nada justifica un acto de pérdida de estribos entre dos seres racionales, pero también es evidente que todo ser pensativo pierde la paciencia en determinados momentos.

Para ninguno de los que manejamos vehículo motorizado es desconocido que en muchas ocasiones con unos pocos dólares se puede “solucionar” un inconveniente con algún vigilante de tránsito. Tampoco es desconocido un secreto a voces: que si bien es cierto no es correcto coimar, tampoco es menos cierto que muchos de esos agentes de tránsito son prepotentes, faltos de comprensión en determinados casos, y cuando se habla de un problema con un vigilante se oye como consejo: “Pero le hubieras dado, y problema solucionado”. En esta “jungla” citadina es difícil manejar vehículo bajo los estándares de respetar las leyes de tránsito, porque en el momento menos pensado una moto se atraviesa, un peatón se nos cruza la calle, un vehículo cambia de carril sin avisar con las luces direccionales, un bus se atraviesa en media intersección de la calle... En un reportaje se aseveró que el país pierde algunos valores por temas de corrupción, pero ¿cuánto se pierde por el tema de la prepotencia? (O)

Sergio Zevallos Cordova, Guayaquil