Nuestra niñez está en estado de emergencia. Lastimosamente, entre todos los derechos que damos por sentados, el de la educación es quizá uno de los más importantes y poco practicados, y ello fue más visible durante los meses iniciales de la pandemia, que visibilizaron la existencia de una brecha digital y una gran desigualdad en el acceso a los recursos económicos y tecnológicos.

Hemos visto colegios y barrios donde las familias no tienen computadoras, dispositivos electrónicos (teléfonos móviles, tabletas), internet (monopolio de grandes empresas que operan en Ecuador), porque no cuentan con los medios para conseguirlos; los jóvenes se quedaron sin estudiar durante todo el confinamiento, lo he palpado solo recorriendo tres provincias costeras: Guayas, Manabí y Los Ríos.

La educación a través de medios digitales consigue que los adolescentes y jóvenes crezcan con el intercambio y desarrollen actitudes tan demandadas por las empresas, como el liderazgo, la creatividad y la empatía. Ecuador tiene 4,3 M de niños: uno de cada diez aproximadamente no tiene acceso a la educación gratuita que manda y ordena nuestra carta magna. Actualmente se vive una emergencia educativa y alimentaria en los sectores más populares o rurales de la nación; estos factores que agreden a la niñez precaria en general son estimulados por la pobreza, los Gobiernos populistas demagogos, la interiorización territorial del consumo de drogas en menores de edad y la falta de verdadera infraestructura en conjunto con la falta de docentes capacitados en los sectores vulnerables del Ecuador. El Día Internacional de la Educación es el próximo 24 de enero. Las autoridades deberían proporcionar una educación equitativa de calidad para todos. (O)

Jaime Andrés Véliz, abogado, Guayaquil