No solo son las bandas delictivas de los privados de la libertad los protagonistas de estos crímenes: nada se dice de las manos ocultas que suministran el armamento (fusiles, metralletas, pistolas, explosivos), de los que ingresan las armas y de los que permiten el ingreso (esto último solo es posible al menos con la anuencia de los encargados del control en el ingreso a las cárceles: guías penitenciarios y Policía). El ingreso de armas a un recinto carcelario es un delito que debe ser investigado independientemente.

Es necesario solicitar a Fiscalía que profundice la investigación sobre el origen del armamento y del ingreso a los recintos carcelarios, identificando a los autores directos y mediatos como a sus cómplices; entonces se podrá develar con precisión la trama y sus motivaciones. Sugiero al señor presidente que conforme una comisión de criminólogos independientes (no políticos ni policías) para que elaboren un diagnóstico del origen y causas de los hechos, diseñen un plan emergente para retomar el control y el orden en las cárceles, para que a corto y mediano plazo se garantice un sistema carcelario que respete los derechos básicos de los reclusos (al menos la vida y seguridad). (O)

Mentor Tapia Verdezoto, doctor; La Merced, Quito