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Encrucijada

Rara vez el elector se encuentra con opciones tan contrapuestas. La normativa electoral le dificulta al ciudadano informarse debidamente. La economía está muy debilitada. Escoger mal puede resultar en una crisis sistémica.

La legislación torpemente pretende que la proliferación de partidos y candidaturas signifique más democracia. El CNE ha inscrito partidos de alquiler. Uno de ellos le quitó el apoyo al candidato presidencial porque este no pagó el alquiler convenido. Otro, fundado por un ministro del correato, prófugo por corrupción, inscribió como candidato presidencial a alguien de ideología y perfil ajenos. Un tercero pertenece a los funcionarios del correísmo a cargo de administrar el fondo de coimas. Hay un cuarto que el CNE registró cediendo al chantaje de un poderoso asambleísta, hoy preso por corrupción. Algunos aspirantes viven en el exterior y vinieron para declararse candidatos; otros ofrecen subir los impuestos a los ricos, pero se declaran mantenidos y no pagan impuestos.

El que haya tantos candidatos no es lo peor: en EE. UU. hubo cientos de candidatos en las presidenciales de noviembre 3, pero la cobertura mediática se concentró en Trump y Biden. En Ecuador los medios están obligados a dar igual cobertura a los candidatos opcionados y a quienes se postulan por la publicidad gratis y el subsidio para la campaña. Si la norma fuera más flexible, los medios concentrarían su atención en los candidatos más opcionados a pasar a la segunda vuelta. Los debates serían entre ellos, el elector estaría mejor informado del pro y contra de cada propuesta, y votaría mejor.

En esta ocasión uno solo de los candidatos opcionados ofrece un plan coherente, completo, cauto, para salir de la crisis. El candidato de la alianza CREO/PSC propone actuar decididamente para cerrar la herida abierta del déficit fiscal y reformar la administración pública para mejorar la calidad de los servicios sociales. Apuntalar el entorno económico para que haya más inversión, se creen y amplíen empresas para recuperar los empleos perdidos.

Otro opcionado es el candidato del correísmo, acogido por el partido del exprefecto Jairala. Ofrece un correísmo con esteroides. Rafael Correa, cuando se cayó el petróleo, tomó $7.000 millones que estaban en el Banco Central y los gastó. Ese dinero en su mayor parte es de los depositantes en los bancos privados: esto es dinero suyo, lector. El candidato correísta ofrece tomarse otros $5.000 millones del dinero que queda en el Banco Central. Correa impulsó el dinero electrónico, pero se abstuvo de hacer una emisión sin respaldo. Su candidato ahora propone, con entusiasmo, inundar la economía de estos dólares fantasma. El expresidente Correa creó un impuesto a la salida de divisas del 5 % e impuso salvaguardias cambiarias; su ungido subiría el impuesto al 27 % y restringiría la salida de divisas, emulando al Cadivi venezolano.

Un tercer opcionado es el candidato de Pachakutik, cuya pasión son los derechos de la naturaleza y que ha evitado pronunciarse sobre su política económica.

En estas elecciones, el ciudadano escogerá entre quien le ofrece, con esfuerzo y tesón, salir de la crisis actual; quien coquetea con la vía venezolana; y quien ofrece un programa incompleto, unidimensional. (O)

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