En ecología se utiliza mucho el término ‘resiliencia’, refiriéndose a la capacidad natural de un ecosistema de reaccionar frente a disturbios y resistir cambios bruscos adaptándose prontamente para recuperarse. Este término también se aplica en lo social y últimamente es usado por sociedades que buscan medidas para desarrollar resiliencia colectiva frente a la pandemia que estamos viviendo.

Para hablar de adaptación en tiempos de crisis o de resiliencia colectiva hay que empezar por uno mismo y la pregunta ¿cómo adoptar medidas en tu vida que te ayuden a cambiar de mentalidad y expandir tu capacidad de resiliencia frente a las adversidades?, que amerita una reflexión interna. En mi caso, cuando pienso en cómo ver lo bello y armonioso dentro del caos me vienen a la mente las orquídeas.

Ecuador es un paraíso natural mágico por un sinnúmero de razones, entre esas por ser el país con mayor diversidad de orquídeas en el planeta. De las cinco familias de orquídeas que existen cuatro se encuentran en nuestro país: tenemos más de 4000 especies. ¿Qué hace a estas flores tan únicas y especiales? Para empezar, se han encontrado fósiles de orquídeas de más de 100 millones de años, lo cual demuestra que fueron unas de las primeras plantas en producir flores. Actualmente se conocen más de 25 000 especies y cada vez se descubren aún más. Pueden llegar a vivir 100 años, están catalogadas como las flores más exóticas y atractivas, y si podemos aprender algo de ellas es su capacidad de resiliencia y paciencia.

La resiliencia, por sus increíbles adaptaciones a sequías, altitudes y cambios de clima. Su habilidad de crecer encima de árboles para llegar al sol y con raíces aéreas poco usuales que aprovechan la humedad del ambiente para nutrirse. Sin mencionar los brillantes colores y formas que presentan sus flores para atraer polinizadores –abejas, colibríes, mariposas– que ayudan en su reproducción, y la ligereza de sus semillas que vuelan con el viento yendo en busca de nuevos lugares para reproducirse. Y la paciencia, porque las primeras flores en la mayoría de las orquídeas no aparecen sino a partir de los 5 a 7 años, lo cual nos obliga a esperar un poco para apreciar este espectáculo. Incluso, existen orquídeas que tardan más de quince años en florecer y otras que aún siguen siendo un misterio para la comunidad científica.

No es sorpresa, entonces, que Guayaquil tenga su orquídea emblemática, la Encyclia Angustiloba Schltr, que crece en cerros aledaños y también se la encuentra en el Jardín Botánico. Otro dato curioso: las orquídeas nos regalan perfumes y sabores deliciosos, como la vainilla. Tal vez la próxima vez que disfrutemos un helado pensemos en ellas con gratitud.

Podemos percibir este tiempo como una crisis de caos y nerviosismo o podemos cambiar nuestra visión hacia futuros logros ante nosotros, alegrándonos de vivir estos momentos y siendo parte de la creación del mañana. Mis abuelos, ambos guapos extranjeros, vivieron guerras, crisis y dictaduras cuando jóvenes, situaciones que no impidieron que tomen la vida con actitud calmada y mucha alegría. En conclusión, ¡al mal tiempo buena orquídea! (O)