Es muy interesante comparar las frases de Mao con las de Deng Xiaoping. Aquí ponemos dos muy claras.

Mao dijo: “El comunista debe ser sincero y franco, leal y activo, considerar los intereses de la revolución como su propia vida y subordinar sus intereses personales a los de la revolución. En cualquier momento y dondequiera que esté, ha de adherirse a los principios justos y luchar infatigablemente contra todas las ideas y acciones erróneas, a fin de consolidar la vida colectiva del partido y su ligazón con las masas; ha de preocuparse más por el partido y las masas que por ningún individuo, y más por los demás que por sí mismo. Solo una persona así es digna de llamarse comunista”.

Deng Xiaoping dijo: “La planificación y las fuerzas del mercado no son la diferencia esencial entre el socialismo y el capitalismo, porque también se planifica bajo el capitalismo; la economía de mercado también tiene lugar bajo el socialismo. No debemos temer adoptar los avanzados métodos de gestión empresarial que se aplican en los países capitalistas (…) La esencia misma del socialismo es la liberación y el desarrollo de los sistemas productivos (…) El socialismo y la economía de mercado no son incompatibles (…) Deberíamos preocuparnos por el desviacionismo de la derecha, pero sobre todo por el de la izquierda”.

¡Qué contraste! Mao solo hablaba de revolución. Deng Xiaoping nunca hablaba de revolución. Mao insistía en el comunismo. Deng Xiaoping nunca hablaba de comunismo. Mao jamás admitía nada posible de una economía de mercado. Los métodos de producción del capitalismo eran un anatema. Deng Xiaoping abiertamente dice que no hay que temer a aplicar la economía de mercado en la China.

Pensemos en la economía y sociedad chinas si las ideas de Mao hubieran seguido. Miremos los robots que hoy atienden a los pacientes afectados. Miremos la tecnología y los recursos que hoy tiene la China para enfrentar el problema. Con las ideas de Mao los contagiados serían millones más, y el mundo estuviera de rodillas pidiendo que el virus no ataque a todo el planeta.

El uso de la palabra revolución debe hacernos meditar mucho en la frase de Orwell: “No se instaura una dictadura para defender una revolución. Se hace una revolución para instaurar una dictadura”. Si miramos la famosa revolución soviética, la revolución cubana, las múltiples revoluciones africanas que han terminado en tiranías hasta caníbales, la revolución sandinista, la revolución ciudadana, la revolución de Evo, la revolución bolivariana, y muchas otras más, veremos que en los siglos XX y XXI, cuando ya no ha habido colonias que tengan necesidad de hacer revoluciones para liberarse de sus metrópolis, las revoluciones han sido instrumento para instaurar tiranías.

De hecho, el socialismo del siglo XXI, usando el concepto de “revolución” en los países a los cuales infectó con tanta gravedad, siempre generó tiranías, brillantemente encubiertas de un ropaje “democrático”, lo cual constituye una genialidad en cuanto a ser arteros, falsos, mentirosos.

Recordemos el lenguaje de odio de clases de los años de la FaRC, familia revolución ciudadana, llevado criminalmente inclusive hasta las mismísimas FF.AA. Veamos las declaraciones de quien se autotitula “segundo presidente” mientras es echado como no cabía otra cosa de Guatemala, por ir a ese país a fomentar la subversión como la fomentó en el Ecuador donde sigue en la impunidad. Miremos el lenguaje de todos aquellos que hoy defienden el gobierno de la FaRC, y miremos si muestran siquiera un gramo de intención de cambiar sus mentes, sus actitudes. Siguen con Mao, siguen en el pasado, siguen el objetivo tan brillantemente descrito por el profeta Orwell: pretenden hacer la revolución para instaurar una dictadura, a lo Venezuela, Cuba o Nicaragua, y dejarnos ahí para siempre.

Deng Xiaoping también dijo: “No importa si es negro o blanco, lo que importa es que cace ratones”. Enorme practicismo: No me importa si me dicen capitalista, lo que importa es crecer y derrotar la pobreza. También se le atribuye haber dicho: “Enriquecerse es glorioso”.

Estas frases muestran realismo, no muestran dogmatismo. Mao era un dogmático, Mao era un inflexible, y el comunismo, y el método socialista de producción de pobreza (jamás de riqueza) son por esencia inflexibles. Por ello jamás inventaron nada. En 100 años de este sistema, no le han dado un invento al mundo. Solo usan los inventos y los avances del sistema que odian y critican.

Se viene un año electoral. Entendamos el lenguaje, entendamos las intenciones, porque el país no puede retroceder luego del esfuerzo para salir de la telaraña perversa tejida por quienes habían fabricado a través de una Constitución abyecta un sistema tiránico, represivo, absolutista. Ese retroceso no tendría ya marcha atrás, porque el odio de quienes retornarían vendría magnificado, vendría cargado de venganza, vendría a destruir lo poco que quedó después de su paso por el poder. (O)