El infelizmente célebre dictador Maduro ha tronado: “Que Ecuador devuelva los restos de Sucre”, con desconocimiento de la historia. Decía Spengler que “la historia es un tribunal de justicia”. Y por historia y justicia, los restos le pertenecen al Ecuador. Ignora Maduro que después de que Sucre nos libertó, el 24 de Mayo de 1822, expresó: “Pienso que mis huesos se entierren en Quito o que se tiren dentro del volcán Pichincha (carta al general Trinidad Morán. Chusiquisaca, 12 de diciembre de 1825). Además de la voluntad del héroe, recordamos que se casó con la quiteña Mariana Carcelén y fue considerado como el posible primer presidente de nuestra patria, si no hubiera sido asesinado en Berruecos, Pasto, por sujetos instigados según los historiadores por Obando (colombiano) y Juan José Flores (venezolano), quien fue el primer presidente del Ecuador, cuando en 1830 nos separamos de la Gran Colombia.

Doña Mariana Carcelén mandó a traer el cadáver de Sucre desde Berruecos a Quito. Durante un tiempo estuvo en la capilla de la hacienda de su propiedad, El Deán, luego fue llevado secretamente al monasterio del Carmen Bajo, pues trató de protegerlo de posibles profanaciones en las administraciones de Flores; pero en 1900 los restos fueron trasladados a la Catedral Metropolitana (curiosamente a pocos metros donde está sepultado Flores) en acto solemne presidido por el presidente Eloy Alfaro.

Como dice el caricaturista de EL UNIVERSO, Bonil, quien debe devolver los restos de Venezuela es Maduro; Quito, la ciudad más querida del corazón de Sucre, según lo manifestara, seguirá albergando los restos del gran militar y estadista que, a diferencia del dictador, fue un abanderado de la libertad, de las instituciones republicanas, de la honradez, de la ética, del desprendimiento del poder político. (O)

César Burgos Flor,

licenciado, Guayaquil