Una vía muy especial

23 de Enero, 2019
23 Ene 2019
23 de Enero, 2019 - 00h00
23 Ene 2019

dgst35@gmail.com

Mi abuela Adelaida solía decir: Entre ojo y ojo hay abismos. En ese entonces no entendí la filosofía de mamita Adelaida, así la llamábamos, cariñosa y respetuosamente; su palabra era la ley, máxime para nosotros que recién nos asomábamos a las ventanas del pensamiento.

Nuestros ojos –los de ustedes y los míos– posiblemente están capacitados para ver con normalidad, unos con lentes, otros sin ellos; tenemos la posibilidad de hacernos de una imagen similar a través de la vista. Claro que existen otros elementos que intervienen en la percepción de lo que vemos: entre ojo y ojo hay abismos.

Reunamos, por ahora mentalmente, a jóvenes de diversas edades; a sus padres; a grupos gremiales, etcétera; pidámosles que nos dibujen con palabras la ruta Salinas-Progreso-Chongón o viceversa. Puedo darles por firmado, amables lectores, que buena parte de los encuestados demostrará su ignorancia, parcial o total al respecto, máxime aquellos que siempre viajan de pasajeros: distraídos, somnolientos o clavados en sus tablets o celulares. Los sentidos son una verdadera lotería del ser humano, pero una lotería, por así decirlo, en bruto, porque cada uno de ellos requiere de mucho cuidado para mantenerse bien y de una prolija educación a fin de utilizarlos debidamente.

Desde el cantón Santa Elena hacia Zapotal y Olmedo, hasta hace un mes, se podían observar los campos mustios y grises por la falta de agua, más semejantes a un erial que a una zona verde. Hoy tímidamente, por las escasas lluvias, hasta Olmedo, límite provincial, se observa un renacer de la vegetación con un verdor tierno y maravillosamente hermoso. Los matorrales han recobrado vida. Después de Olmedo se pueden observar algunas hectáreas de ceibos ahora recubiertos de hojas tiernas de un verdor singular; desde aquí hasta Chongón, zona montañosa, toda vegetación ha recobrado vida. En esta época vale viajar con ojos escrutadores mirando a los costados de la vía y donde se pueda deteniéndose para admirar la fertilidad de nuestro suelo y la belleza del entorno.

Los años de recorrer el país, de norte a sur y de este a oeste, me han enseñado a quererlo. Cuando tengo el volante en mis manos y siento que con mi vehículo empiezo nuevamente a levantar el telón que me permite ver eso que está ahí, que siempre estuvo, eso bello, fascinante, tétrico, hermoso, exuberante o desértico, es como si me inyectara una sobredosis de optimismo y ganas de vivir.

¿Por qué en los centros educativos no se educan los sentidos? Posibles causas: profesores carentes de vocación; programas mutilados y mal direccionados; falta de información sobre historia, geografía, cívica, moral, ética y valores. Despreciamos las fiestas cívicas, pues las hemos cambiado por feriados creados para turismo; ya no se ama la tierra en que nacimos ni se veneran nuestros símbolos patrios que recuerdan nuestra génesis y la conquista de nuestra libertad. Para comprendernos como país, para integrarnos como nación y para sobrevivir en una época tan convulsa e insospechada bien vale poner los pies sobre la tierra y gritar: ¡Viva Ecuador, el de ayer! (También el de hoy si cambia su rumbo).

(O)

Una vía muy especial
Una vía muy especial
2019-01-23T00:00:44-05:00
El Universo

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