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Ese viejo amor por los derechos humanos

13 de Enero, 2019
13 Ene 2019
13 de Enero, 2019 - 00h07
13 Ene 2019

El desvergonzado y desafiante acto de posesión del dictador Nicolás Maduro, como supuesto presidente de Venezuela, ha permitido un giro en la política internacional del Ecuador que, hasta hace no tanto (con este mismo gobierno), era imposible en un punto medular de la vida americana, que es la defensa y promoción de los derechos humanos: Lenín Moreno no envió delegación a Caracas y su embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) votó a favor de “no reconocer la legitimidad del período” que el sucesor de Hugo Chávez ha empezado a ejercer desde el 10 de enero.

El canciller José Valencia se apuró a aclarar que no se rompen relaciones con Venezuela, distanciándose así de la posición del Grupo de Lima. Si revisamos la intervención de Carlos Játiva, el embajador ecuatoriano ante la OEA, en la sesión del jueves, explicó la razón fundamental para votar contra Maduro: “Por haber expresado, el Ecuador, su profunda preocupación en temas de derechos humanos y ante el éxodo sin precedentes de ciudadanos venezolanos motivado por la grave situación política, económica y social que enfrentan, el presidente Lenín Moreno fue objeto de inaceptables injurias”.

Parecería que los derechos humanos vuelven a ser parte de la agenda internacional de Ecuador. Si es así, habría coherencia con la historia de ambos países. El 13 de febrero de 1959, en su toma de posesión como presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt proclamó que la OEA y los gobiernos democráticos de América deben excluir a los gobiernos dictatoriales, que afectan la dignidad continental. En sus memorias El volcán y el colibrí (1989), el poeta Jorge Carrera Andrade, que fue nuestro embajador en Venezuela en esa época, relata que en aplicación de su propia doctrina, Betancourt lo expulsó de Caracas, cuando Carlos Julio Arosemena fue destituido y se instaló la dictadura de la Junta Militar de Ramón Castro Jijón.

Veintiún años después de la Doctrina Betancourt, el presidente Jaime Roldós, que inauguró la democracia ecuatoriana, promovió la Carta de Conducta de Riombamba de 1980, luego conocida como Doctrina Roldós, en la que Ecuador, Colombia, Venezuela y Perú estipularon que el respeto a los derechos humanos constituye la norma fundamental de la conducta interna de los Estados y su defensa es una obligación internacional, por lo que la acción conjunta ejercida en protección de estos derechos no viola el principio de no intervención.

Alguna resonancia de estas ideas ha llegado, quizá, al ánimo de Lenín Moreno, que pese a haber sido el vicepresidente de un régimen que violó sistemáticamente derechos humanos durante una década, parece preparar el camino para una ruptura definitiva con la criminal dictadura de Nicolás Maduro.

Pienso, en ese sentido, que una verdadera muestra del compromiso de Lenín Moreno con la memoria de Roldós y con ese viejo amor por los DD.HH. que nuestro país alguna vez profesó, sería decidirse en la postulación de Juan Pablo Albán para comisionado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que es una de las mentes jurídicas más completas del continente en esta materia. Albán tiene una sólida formación como académico y una experiencia de defensor que lo ha llevado a patrocinar casos emblemáticos en nuestras cortes, por lo que fue nombrado jurista de la Jurisdicción Especial para la Paz en Colombia. Varias organizaciones sociales y de DD.HH. de Ecuador y del continente apoyan la candidatura, sólo falta que el presidente tome la decisión de postularlo y demostrarnos que, de verdad, vivimos nuevos tiempos. (O)

Ese viejo amor por los derechos humanos
Ese viejo amor por los DD.HH.
2019-01-13T07:43:01-05:00
El Universo

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