Se inicia este día el año 2019. Un año que se abre con varias interrogantes: en lo internacional, la presencia de zonas grises (política, finanzas, comercio) no parece garantizar una evolución estable y la recuperación económica esperada. Ya el FMI moduló sus previsiones de desempeño para el conjunto de la economía mundial, en su último encuentro de Indonesia. Gravita aún el riesgo de una guerra comercial, del que deriva malas expectativas. Presagio negativo, en consecuencia.

En lo interno, la situación es muy complicada. La democracia ecuatoriana, la política y la economía atraviesan por una marcada incertidumbre. El cambio en democracia parece estar aún comprometido (y rezagado): en efecto, no hay signos de modificaciones explícitamente claras y trascendentes respecto del modelo económico aplicado desde 2007.

El abandono del autoritarismo, positivo, no es –lo hemos dicho antes– una concesión, sino la vuelta al respeto, en democracia, de un derecho reivindicado socialmente. El mando y señorío es de aquellos que vencieron la batalla, decía Jenofonte. Pero la batalla debe aún ser total. En todos los frentes.

En materia económica, los tiempos pasaron y los “resultados” están a la vista. En los meses posteriores a mayo de 2017 la economía no fue la prioridad gubernamental. Varias veces lo señalamos en esta columna (14 agosto 2018): “Pero: ¿por qué toma tanto tiempo la regulación macroeconómica? El juego de poder, ¿importa más?... Ciertamente, no se ha definido lo que reclama la sociedad… un plan económico integral, basado en un modelo distinto, ponderado, medio para un mejor desarrollo futuro, que procure corregir la crisis en todos los frentes. A tiempo”.

Decíamos asimismo, en otra nota, que “… La conducción económica anticrisis continuó, así, pendiente, más allá de la Ley de Fomento Productivo (¡y 3 ministros en 18 meses!). No se definió un plan económico integral sino medidas aisladas. Las nuevas inversiones no se han concretado y la tendencia a la baja del precio del petróleo y el alto riesgo país alejan algún optimismo para 2019 y siguientes”. Desafortunadamente, previsión que se cumple.

De hecho, siempre fue posible advertir los efectos de ese estilo: “…Subsisten, pues, los desequilibrios en materia fiscal; en las cuentas externas –comercio (se exporta “lo mismo” desde hace muchos años), deuda interna y externa, inversiones–; en la posición del Banco Central del Ecuador (niveles de cobertura y reservas) y en el IESS, esencialmente. La evolución de los precios desveló ese clima de incertidumbre (dio paso a la inédita presencia de un proceso deflacionario) y el mercado del trabajo continuó experimentando fuertes desajustes”.

Se identificaron siempre los “resultados”: altos déficit fiscal y externo; evolución errática de los precios; problemas de competitividad; limitada modernización tecnológica; desajustes en el mercado del trabajo; descalabro de la seguridad social; aumento de los problemas sociales; trabas al crecimiento, entre otros.

Recurrentemente se requirió una visión distinta: “…El sector público debe ser proactivo y eficiente, jugando el papel de incitador claro para los agentes privados. También el empresariado tiene que asumir su papel: mucho tiempo no lo ha hecho…”. Debería, pues, “seguir” el mundo, no solo ser receptor de sus demandas. Gestar un nuevo modelo integrado al mercado internacional y cambiar la base productiva, la competitividad y la canasta exportable.

Se advertía, también, la presencia de signos externos a tenerse en cuenta: la posibilidad de “una recesión dentro de seis a doce meses (lo que) es realista”, anotándose que “… el fuerte crecimiento observado actualmente en Estados Unidos (por ejemplo) tiene las características “que normalmente preceden a una recesión…” y que “… ese estilo de gestión “dopa la economía a corto plazo”.

Señalábamos, siguiendo a Edmond S. Phelps, Nobel de Economía 2006, que esto “… (resistiría) un año aproximadamente… (y podría) producirse un contragolpe”, por los efectos negativos de la posible guerra comercial Estados Unidos-China y de la cada vez más difícil posición del Banco Central Europeo, en términos de instrumentos operativos válidos para sostener la recuperación de la zona euro.

El escenario global y sus consecuencias al parecer nunca fue explorado por los responsables del sector (el “entusiasmo” no es garantía de rigurosidad, menos en el mundo que vivimos): un optimismo iluso se instaló permanentemente y cifras irreales fueron difundidas (sobre la llegada de inversiones, por ejemplo).

Un Plan Anticrisis Global siempre fue necesario. Estableciendo el clásico “puente” macro/microeconómico. Precisando objetivos país de largo plazo y el tipo de políticas regulatorias apropiadas. La reforma integral, sobre esas bases, de la política fiscal y tributaria, priorizando la competitividad y el empleo y alineada con  la reactivación, en una perspectiva integral.

Redefiniendo el patrón de reinserción externa. Poniendo límites a la creencia de que la deuda favorece la reactivación (¿equivalencia neo ricardiana?). Marcando opciones anti cíclicas sobre prioridades, no de cualquier forma. Evaluando los contrapuntos (trade-off) entre variables clave, cuidadosamente, si el objetivo es el reordenamiento del esquema vigente.

En fin, una gestión signada por la proactividad, entendiendo que los mercados son medios para acceder –con limitaciones que deben corregirse– a estadios superiores de organización social. Entendiendo que la equidad es un objetivo superior, pero que la equidad también cuesta. Persiguiendo la corrupción. Rescatando la justicia y los derechos humanos. Descartando de plano prácticas corporativistas y conflictos de interés en la conducción económica y social.

Tareas difíciles pero inaplazables. Ir al FMI sin opciones dificultará las negociaciones. Peor si han sido “secretas” (¿). El cambio es sinónimo de transparencia.

¿Feliz Año Nuevo? ¡Sí! Por un país y un pueblo noble y trabajador. Desencantado por un largo período de oscuridad de las libertades y por la corrupción. Pero con enorme potencial y exigencia de transparencia, capacidades y rendición de cuentas. Feliz Año 2019 bajo un nuevo estilo. Porque el Ecuador no puede abolir su futuro.

(O)

El mando y señorío es de aquellos que vencieron la batalla, decía Jenofonte. Pero la batalla debe aún ser total. En todos los frentes.