Reconciliación

22 de Diciembre, 2018
22 Dic 2018
22 de Diciembre, 2018 - 00h00
22 Dic 2018

Antes de la Navidad y en medio de todos los deseos que se expresan a nivel personal y general indudablemente el concepto de reconciliación puede ser claramente uno de los dominantes. En una América Latina que aún debate ferozmente su sentido de identidad con una confrontación abierta acerca de sus valores y con dudas en torno a su destino, es indudable que la reconciliación debe constituir un eje dominante. Debemos primero hacerlo con el otro en quien no nos reconocemos como iguales y que ahonda en ese camino nuestras más profundas desigualdades, al punto de hacernos la región con los indicadores más altos en este sentido. Reconciliarnos con nuestra propia riqueza común que en el caso cultural no hemos podido transformarla en un activo que genere capacidad de hacer cosas en conjunto y no de manera fragmentada y divisiva. No hemos podido llevar adelante proyectos comunes como el mercado único que sigue siendo un espacio de buenos propósitos no concretados.

Debemos reconciliarnos con nuestras angustias de alcanzar en corto tiempo un estadio de desarrollo real, cuando los niveles educativos lastran cualquier propósito y donde no fuimos capaces de reconocernos como latinoamericanos, a pesar de las expresiones de buena voluntad que repetimos de manera continua. Debemos lograr unificar nuestras ambiciones en un proyecto que se mire para adentro y no siente avergonzado, apenado ni resentido sino que constituya un valor que intercambie relaciones con un mundo al que a veces consideramos hostil y en otro momento forzosa morada para millones de los nuestros. Abarcar en este concepto a la extraordinaria naturaleza que nos sirve de referencia y que constituye como el caso de la región del Amazonas no solo un potente balance de complejos mecanismos climáticos sino que también nutriente en su farmacopea de una extraordinaria génesis para remediar males y dolores. Tener conciencia de lo que somos nos debe acercar a miradas menos asentadas en lamentos y más orgullosas de nuestra capacidad.

En estos tiempos de temores y de angustias hacia el migrante, este subcontinente que por incapacidad de sus gobiernos en materia política y económica ha expulsado a tantos, es imperiosa la tarea de observar con menos carga de cinismo las responsabilidades que tenemos en repatriar a tantos cuya experiencia afuera puede servir de mucho hacia adentro. Condenar al mundo, pero pedirle que sea generoso con los nuestros es de un cinismo insostenible.

En estos días de fiesta, de regocijo y de reencuentro debemos buscar reconciliarnos con lo mejor de nosotros para proyectar un mejor destino. El que nos merecemos por la experiencia acumulada, la aún amplia juventud de nuestra población y el compromiso de hacer mucho más que lo que hemos realizado hasta ahora. Es tiempo de reconciliarnos con nosotros mismos a partir de una mirada autocrítica y un compromiso orientado hacia el bien común. Es cuestión de llevarlo a la práctica y no seguir postergando nuestros sueños.(O)

Debemos reconciliarnos con nuestras angustias de alcanzar en corto tiempo un estadio de desarrollo real, cuando los niveles educativos lastran cualquier propósito y donde no fuimos capaces de reconocernos como latinoamericanos, a pesar de las expresiones de buena voluntad que repetimos de manera continua.

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Reconciliación
2018-12-22T00:00:59-05:00
El Universo

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