Reflexión antes de Navidad

22 de Diciembre, 2018
22 Dic 2018
22 de Diciembre, 2018 - 00h00
22 Dic 2018

En el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. “Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que uno de los profetas”, contestaron. “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Marcos 8: 27-29).

Yo contesto.

Jesús es el profeta del juicio, la encarnación del Divino Descontento que se agita en todas las cosas. Él ve a quienes se pavonean en largas túnicas y se sientan en los mejores puestos mientras cierran a los demás las puertas del reino. Él ve un hombre rico vestido de púrpura y fino lino, que a diario come suntuosamente mientras que en su puerta yace el hambriento Lázaro sin otro amigo que los perros que le lamen las llagas. Él ve personas hermosamente adornadas viviendo en lujosos palacios entreteniéndose con la cercenada cabeza del Bautista, el Elías venido de nuevo. Lo que Nietzsche llamó de forma apta, aunque desdeñosa, “una moral de esclavo”, de abnegación y sacrificio absoluto le permite a Jesús ver la verdad de quienes codician el poder en vez de la justicia. Son una generación perversa, los que blasfeman contra el Espíritu Santo, los primeros que se volverán los últimos.

Jesús es el profeta de la consolación y esperanza que reconforta a los que lloran. Él ve a los pobres, los hambrientos y marginados, y proclama que los últimos serán los primeros. Él declara, contra toda evidencia, que los oprimidos y destituidos no son miserables sino benditos. Pero ¿qué tan malas son las cosas? ¿Cómo es el mundo realmente? El enviado de Dios es despreciado como aliado de Belcebú y la ciudad del Gran Rey apedrea a sus profetas. Algo ha ido irremediablemente mal. El reino de Dios sufre violencia.

Pero Jesús es el profeta cuyo realismo es tan grande que abandona este mundo y así se convierte en un soñador como Daniel. Cierra sus ojos y ve los tronos que se alzan y la reina del Sur levantándose de entre los muertos. Alza la vista y ve al Hijo del Hombre venir en las nubes del cielo. Nada permanecerá oculto. Todo lo cubierto será descubierto. Para quienes tengan oídos para oír, Jesús, el heraldo del juicio y la salvación, dice las únicas cosas que valen la pena ser dichas porque su sueño es el único que vale la pena ser soñado. Un mundo viejo hecho nuevo, un mundo corrupto hecho incorrupto. No ha llegado. ¿Llegará algún día?

Y será en tus noches más oscuras, cuando te desveles pensando en el grotesco espectáculo de la historia, y en la oscuridad gimas por los que duermen sin techo y los niños cuyos rostros son devorados por el cáncer. Será entonces, cuando aprendas a llorar las lágrimas que no son tuyas, que Él se acercará, como un desconocido a las orillas del lago. Te repetirá las palabras que pronunció en la Galilea de antaño: “¡Sígueme!” y para quienes le obedezcan, Él se revelará en fatigas, conflictos y sufrimientos y será así, como un misterio inefable, que llegarás a conocer realmente quién es Él.

(Este artículo es una redacción creativa de un pasaje de la obra de Dale Allison, Jesús, profeta milenario).

(O)

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Reflexión antes de Navidad
2018-12-22T00:00:59-05:00
El Universo

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