Tradiciones torcidas

20 de Diciembre, 2018
20 Dic 2018
20 de Diciembre, 2018 - 00h01
20 Dic 2018

Inclaudicablemente, la ciudad manifiesta lo que somos, sin mayor tapujo. En ella vemos lo que creemos ser y también aquellas facetas que nos esforzamos tan inútilmente por ocultar. En estos tiempos de estrés y celebraciones, la ciudad habla mucho sobre nuestras contradicciones. La locura de los congestionamientos de tránsito, las aglomeraciones en los centros comerciales y las deudas en las que muchos recaen contrastan demasiado con la evocación de un tiempo que supuestamente invita a la reflexión y al recogimiento espiritual. Una de las tantas contradicciones características de este mes.

Evidentemente, la Navidad de nuestros días es el producto de sabios, intelectuales y religiosos jugando al “teléfono dañado” por más de dos mil años. El nacimiento de un humanista, un iconoclasta que cambió la visión de su época, es ahora el catalizador del mercado mundial, para comprar y vender. Cierto es que no hay religión si distorsiones, pero su figura pasó de ser un carpintero habitante de la costa mediterránea del Fértil Creciente, a un europeo barbón de pelo largo, que se ve reemplazado por un viejo obeso y risueño que deja regalos en esas chimeneas que no tenemos acá, en el trópico. Dichas distorsiones históricas, y muchas otras más, han hipertrofiado los ritos y disminuido los mensajes de paz y buena voluntad que originalmente profesaba el supuestamente celebrado en estos días. No deja de ser irónico y tragicómico lo que los cristianos le han hecho a su Mesías. Recuerda mucho esa frase de Ghandi: “Me agrada mucho su Cristo; no me agradan sus cristianos”.

Ante la paradoja del dinamismo de Occidente, que todo lo caricaturiza, y la búsqueda de un tiempo que nos sirva para proyectarnos al futuro como mejores seres humanos, parece que no tenemos mayor alternativa que jugar este juego a dos bandas.

No deja de ser divertido notar que precisamente son los niños los más suspicaces, los que descubren con admirable agilidad mental las falencias y contradicciones típicas de las tradiciones torcidas. Las caricaturas sirven solo para un propósito: jugar con ellas. Cuando mi hijo me preguntó cómo hacía para entrar a tantas casas, sin ser descubierto, no dejé pasar la oportunidad para responderle:  “¡Papá Noel es ninja!”. Desvalorar a esas figuras disminuidas por su propia distorsión  sirve también para rescatar los valores humanistas que deben prevalecer.

Todo este desvarío no pretende ser un ataque al cristianismo, ni a religión alguna. Tampoco pretende ser un ataque al libre mercado. Se trata de un simple recordatorio, para no dejar de tomar en cuenta las cosas que valen la pena.

También es una invitación a agregar nuevas tradiciones en estas celebraciones. Que la relevancia no la tengan los regalos, sino la oportunidad de reencontrarse con los seres queridos. ¿Qué tal si –en lugar de cortar un árbol para ponerlo en la sala de la casa– plantamos un árbol todos en familia? Nosotros moldeamos las tradiciones del futuro. Quizás con suerte logremos una Navidad más valiosa e interesante, para los que vengan después de nosotros. (O)

Tradiciones torcidas
Inclaudicablemente, la ciudad manifiesta lo que somos, sin mayor tapujo.
2018-12-20T00:01:25-05:00
El Universo

Te recomendamos