Sonnenholzner, ¿y ahora qué?

18 de Diciembre, 2018
18 Dic 2018
18 de Diciembre, 2018 - 00h01
18 Dic 2018

¿A dónde va el Gobierno con tantos cambios y reorganizaciones ministeriales y ahora con un nuevo vicepresidente? Se ha cerrado el ciclo de la descorreización del gabinete, pero la pregunta sigue intacta: y todo esto ¿para qué? ¿Política e ideológicamente dónde se ubica el Gobierno después de la depuración ministerial y vicepresidencial? ¿Cuáles son las posturas que proclama y defiende? Si se analiza el giro con el nuevo vicepresidente, el cambio es radical: sale una dirigenta de las Brigadas Alfaristas Bolivarianas y entra un radiodifusor muy bien entroncado con el entorno empresarial guayaquileño. El entusiasmo y la prontitud con la que los partidos de derecha y centro derecha –CREO y el PSC– saludaron y respaldaron el nombramiento de Otto Sonnenholzner fueron reveladores del cambio gubernamental.

Pero los giros profundos en el gabinete no se acompañan de unas definiciones claras y precisas de dónde está políticamente y desde dónde le habla el Gobierno al país. La impresión es que el Gobierno esconde siempre sus posturas: hace un giro con claras implicaciones ideológicas, pero no lo verbaliza ni lo expresa claramente en su discurso.

A ese silencio conceptual, generador de incertidumbre, le acompaña una práctica que lanza señales, como el nombramiento de Sonnenholzner. Tenemos, por tanto, una suerte de práctica sin discurso, de política sin enunciados. El resultado es una constante ambigüedad e incertidumbre ideológica. En el lenguaje de Moreno predomina el tono amable y cordial con sus llamados constantes al diálogo y al reconocimiento del otro en su diferencia, pero no pasa de esa línea.

El nuevo vicepresidente llega con un discurso de unidad y conciliación. Pero, nuevamente, desde dónde le propone al país el diálogo y el acuerdo nacional. ¿Diálogo y acuerdo nacional para qué y desde dónde? La llegada de un empresario radiodifusor a la Vicepresidencia tiende a vaciar la política de contenidos; al movilizar un lenguaje que pretende ser neutro y apolítico, deja de lado los temas claves de la convivencia política: democracia, mercado, Estado, igualdad, redistribución, descentralización; ni se enuncian, menos se los trata y discute. Los apolíticos, venidos de otras experiencias y entornos sociales, no encuadran la política alrededor de los temas cruciales que requieren ser definidos para construir una agenda gubernamental poscorreísta. Son aves de paso de la política, llegan para volver luego a sus negocios.

La descorreización del Gobierno y su gabinete se ha logrado después de un largo y complejo proceso de lucha por el poder. El nombramiento de Sonnenholzner cierra el proceso. Pero lo que el Gobierno no logra explicar bien es con qué perspectiva conceptual, ideológica, discursiva sustituye al correísmo. En otras palabras, y todos estos cambios ¿para qué? El Gobierno ha demorado 18 meses en quitarse de encima casi todas las herencias correístas. A pesar del giro, siempre parece seguir a mitad de camino entre su práctica, sus coqueteos permanentes con los grupos de poder y sus silencios. Su cambio no viene definido en positivo, desde una propuesta firme, solo se define por lo que no es, por lo que rechaza. ¡Ya, pues, defínanse y hablen con claridad dónde están, qué piensan y qué quieren hacer! (O)

Sonnenholzner, ¿y ahora qué?
¿A dónde va el Gobierno con tantos cambios y reorganizaciones ministeriales y ahora con un nuevo vicepresidente?
2018-12-18T00:01:03-05:00
El Universo

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