Historias de Navidad

18 de Diciembre, 2018
18 Dic 2018
18 de Diciembre, 2018 - 00h01
18 Dic 2018

En algún momento de mi vida dejó de gustarme la Navidad. Recuperé el gusto por ella el día que decidí aprender a hacer tamales para invitar a la gente que quiero a compartir recuerdos. Yo aquí les dejo algunas peripecias navideñas, que seguramente ya las habré contado, pero como ya soy abuela tengo derecho a contarlas una y otra vez.

Aquel año decidí arriesgarme y además hornear un pavo. Con suficiente tiempo recurrí al viejo libro de cocina de mamá. Al tomar en mis manos el pequeño recetario, empastado en cuero color vino, sentir su olor añejo y mirar la perfecta caligrafía del recetario, mi cabeza se inundó de afectos, de tristezas y alegrías. Recordé que las aves se criaban en las casas o se las compraban en pie, por eso en el viejo libro me topé esta perla: El pavo tiene que ser gordo y viejo; se lo mata torciéndole el pescuezo, se pela en agua caliente, se quema la plumilla y se lo lava bien. ¡Cuánto ha cambiado la vida y las costumbres!

Yo era muy pequeña el día que papá decidió sacrificar al pavo personalmente. Llegó a la casa más temprano que de costumbre vistiendo su impecable mandil de médico. Se dirigió al patio en busca del ave, toda la familia y la servidumbre lo seguimos llenos de curiosidad. Papá tomó al animal del cuello y lo sostuvo con la una mano, mientras con la otra hurgaba en el bolsillo su bisturí. Con la habilidad y seguridad de experto cirujano dio un tajo certero en el cuello del animal, cortándole inmediatamente la yugular. Pero cuál fue la sorpresa de quienes presenciábamos este acto cuando el pavo salió corriendo despavorido con el cuello colgado hacia un lado, bañándolo en sangre. Papá, ensangrentado, perseguía al pavo que corría por todo el patio y este parecía tener una interminable reserva de sangre. No sé si esa Navidad habremos comido pavo.

Mi hermana Alicia era muy vaga en el colegio, en diciembre ya sabía en qué materias tenía peligro de perder el año, por eso había negociado con sor Rosalía salir de Virgen María en la procesión, a cambio de algunos valiosos puntos. Mamá le cosió una túnica brillante la noche del Pase del Niño, mi hermana estaba hermosa y furiosa porque las monjitas la subieron en un burro. En media procesión alguien disparó una camareta, el pobre animal se asustó, salió disparado y la Virgen María cayó aparatosamente encima de pastores y Reyes Magos. Tampoco recuerdo si ese año fuimos a misa de gallo, lo que sí me acuerdo es que este imprevisto demoró todo y yo vestida de pastor, con sandalias y una estola de piel sobre los hombros desnudos, en la fría Latacunga, ¡me oriné!

Gracias a estas memorias, mis Nochebuenas tienen ahora un gran sentido. Por eso les propongo contar sus historias de Navidad, en especial aquellas que les hayan convertido en lo que son. Feliz Navidad y gracias siempre por estar ahí. (O)

Historias de Navidad
En algún momento de mi vida dejó de gustarme la Navidad. Recuperé el gusto por ella el día que decidí aprender a hacer tamales para invitar a la gente que quiero a compartir recuerdos.
2018-12-18T00:01:03-05:00
El Universo

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