EL UNIVERSO no ha publicado ni está publicando encuestas electorales. Si decidimos hacerlo, lo haremos expresamente.

Los cínicos no sirven para este oficio

13 de Diciembre, 2018
13 Dic 2018
13 de Diciembre, 2018 - 00h00
13 Dic 2018

Me topé con un video en el que Jorge Corozo, presidente de la Comisión de Derechos Colectivos, donde se tramitan las reformas a la Ley Orgánica de Comunicación, decía: “La comunicación hoy es libre, tenemos la capacidad de buscarla por cualquier medio y cualquier forma y eso nos permite a todos poder ser periodistas si así lo queremos”, esto en un contexto donde plantea que se garantice que todas las personas puedan ejercer el derecho al trabajo en la comunicación, siempre y cuando prueben su capacidad o experiencia y haya un medio que los contrate, sin la necesidad de un título.

No creo que se debiera hacer una afirmación así con tanta ligereza.

Para los seres humanos, lo social lo constituye el lenguaje. Todo fenómeno social es siempre un fenómeno lingüístico. El lenguaje no solo permite hablar sobre las cosas, el lenguaje hace que sucedan cosas; ya lo vivimos con el linchamiento en Posorja.

El lenguaje es acción, por eso hay una gran responsabilidad social atrás de cualquiera que trabaje en comunicación, como la hay atrás del que trabaja en medicina o arquitectura y que su labor incide directamente en la seguridad y vida de otros, y para eso se preparan.

A pesar de que el informe para segundo debate de las reformas a la Ley de Comunicación ratifica la profesionalización, el comentario de Corozo abre una discusión interesante sobre qué es ser periodista hoy, y hay distintas corrientes al respecto.

Fernández Areal, de la Universidad de Vigo, sugiere que el concepto de periodista, como profesional dedicado a la informació́n de actualidad, pareciera resultar hoy insuficiente; la facilidad de cualquiera para acceder a las fuentes de informació́n, así como para difundir todo tipo de mensajes con inusitada rapidez parecen abonar a la idea de que ya no será necesaria capacitación técnica, ni siquiera un bagaje cultural específico, ni mucho menos una titulación que garantice un ejercicio responsable y adecuado de la moderna comunicación social.

Silvio Waisbord, de Georgetown University, habla de un posperiodismo como respuesta a un tiempo de posverdad. Plantea que hoy asistimos a la consolidación de burbujas comunicacionales y cámaras de eco con escaso interés en cotejar con ideas diferentes o conocer mundos distintos.

Hoy podemos escuchar las noticias que nos convienen, es cosa de escoger quién las cuenta.

Lo cierto es que a pesar de que está cambiando el entorno informativo, todavía se percibe que los medios tradicionales siguen siendo el punto de referencia final para confirmar una información, y eso lo evidencian las estadísticas de las entradas a sus cuentas en Twitter y web.

“Por suerte o por desgracia, todo es un problema de comunicación”, afirmó Baudrillard. Por eso creo que es necesario tener espacios para estas discusiones, absolutamente necesarias para un periodista o el que actúe como tal, y la universidad es un buen punto de partida.

No sé si el periodismo, como lo conocemos, desaparecerá como carrera o profesión, lo que sí sé es que, como dijo Kapuscinski, que estudió historia y se dedicó al periodismo, “los cínicos no sirven para este oficio”. (O)

Los cínicos no sirven para este oficio
Los cínicos no sirven para este oficio
2018-12-13T00:00:58-05:00
El Universo

Te recomendamos