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¡No somos tontos!

13 de Diciembre, 2018
13 Dic 2018
13 de Diciembre, 2018 - 00h00
13 Dic 2018

Ellos, esa gente, que se han enriquecido con recursos públicos aprovechándose de su relación temporal con el Gobierno Nacional y con otros de jurisdicciones menores, conocen que la ciudadanía los identifica y por esa razón saben que sus actuales formas de vida no son compatibles ni con los salarios o recursos económicos ganados en sus carreras públicas o privadas ni con sus previos patrimonios personales. También ellos, esa gente, saben que pueden desvergonzadamente departir con los otros como si no fuesen responsables de nada porque están protegidos por una suerte de complicidad que se evidencia en la aceptación que la sociedad les brinda y en la impunidad jurisdiccional que campea. Es como si nos restregaran en el rostro, sobre todo en el de los que tienen menos y necesitan más, su dinero ilegítimo y su desparpajo para mostrarlo sin pudor. Concurrimos a sus reuniones, celebramos su repulsivo boato y hasta les pedimos que opinen sobre la importancia de las buenas costumbres y les solicitamos criterios para salir de la crisis. Ellos, son una vergüenza nacional que nos salpica, pues si tuviéramos más dignidad les daríamos el trato que social y judicialmente corresponde, porque no somos tontos y sí sabemos lo que son.

Sus vehículos costosos, sus propiedades urbanas y campestres, sus animales de raza, sus viajes y los de sus familias, su ostentación y sus rostros marcados por indelebles e incontrolables rictus que reflejan, aunque no lo quieran, sus más recónditos secretos, nos ofenden en lo más preciado que tenemos como individuos y como sociedad, el honor y la dignidad. Porque no son ellos solamente los que ahí están y medran, somos también nosotros porque nos allanamos con sus trapacerías, avalando su desvergüenza y convirtiéndonos por esa actitud permisiva en sus obsecuentes acólitos.

Y están los otros, igualmente dispuestos a todo, capaces de emprender cualquier acción si es redituable a nivel de poder, prestigio o dinero. Se encuentran en todos los ámbitos sociales públicos y privados, en las empresas, la educación, la Iglesia, la milicia o en las organizaciones sociales. Ellos, esa gente, tienen que saber que no somos tontos, que los conocemos y valoramos en su justa dimensión. Que nos inspiran para actuar de manera radicalmente diferente, ubicándonos en las antípodas de sus visiones e inspiraciones. En este lado de la vida se encuentra la gran mayoría de ecuatorianos honestos y trabajadores que tienen ideales basados en el esfuerzo, el respeto a los otros, el amor a sus familias y el temor de actuar en contra de sus valores.

Como sociedad requerimos que los comportamientos éticos sean los que determinen el valor de las personas, sobre todo de las autoridades públicas, por sobre sus relaciones y competencias financieras, cognitivas o técnicas. Necesitamos que la superchería, el ardid inconfesable y el delito sean rechazados por la comunidad y sancionados por la justicia. Requerimos que la decencia moral, el compromiso con la patria y con la república sustituyan a las conductas de los pícaros y ladrones que nos han degradado y degradan tanto. Sabemos que ese es el camino. No el reparto y el discurso. ¡No somos tontos! (O)

¡No somos tontos!
¡No somos tontos!
2018-12-13T00:00:58-05:00
El Universo

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