Futuro portuario sin errores

6 de Diciembre, 2018
6 Dic 2018
6 de Diciembre, 2018 - 00h01
6 Dic 2018

Guayaquil es producto de la simbiosis entre puerto y ciudad, la cual fue una simbiosis armónica hasta los años cincuenta del siglo pasado. Sixto Durán-Ballén –en ese entonces ministro de Obras Públicas– constató la pérdida de profundidad del río Guayas y estableció la necesidad de construir un nuevo puerto; de preferencia, que dependa del estero, por tener un índice de sedimentación menor. Así fue como surgió lo que hoy conocemos como Puerto Nuevo.

Sin embargo, vale la pena revisar la historia de su construcción y posteriores consecuencias, a fin de no caer en las faltas cometidas tiempo atrás, durante aquella renovación de infraestructuras portuarias modernas en nuestra ciudad, hace ya más de cinco décadas.

Puerto Nuevo ayudó a fortalecer el crecimiento económico de Guayaquil, al permitir una mejor salida de nuestros productos de exportación y un mejor ingreso de importaciones para todo el Ecuador. Sin embargo, el proyecto fue manejado de manera muy específica, sin tomar las debidas medidas de planificación en las zonas circundantes. Las nuevas instalaciones portuarias produjeron el interés de varias instituciones públicas y privadas. El IESS, las Fuerzas Armadas, la Junta de Beneficencia y el entonces Banco Nacional de la Vivienda comenzaron a desarrollar proyectos de diversa índole, desde bases militares hasta hospitales, pasando por urbanizaciones y proyectos de vivienda. Lamentablemente, no hubo organismo regulador que supervisara el desarrollo de dicho sector de manera integral, pues las autoridades municipales de entonces se limitaban a aprobar los proyectos presentados, cuando estaba dentro de sus competencias poder hacerlo. Al no haber quien tenga una visión general, se dejó de lado al aliado principal de los puertos: las zonas industriales. Peor aún, estas fueron ubicadas en la vía a Daule, lo más lejos posible del puerto. Dicha desconexión, más las expropiaciones realizadas para varios proyectos posteriores y las enormes distancias entre el Puerto Nuevo, las industrias y los barrios donde residían los trabajadores portuarios y obreros, produjeron el surgimiento descontrolado de los asentamientos informales del Guasmo, Mapasingue y Prosperina.

Actualmente estamos frente a nuevos retos. El comercio mundial ha cambiado, tanto en rutas como en naves. Estamos a la expectativa de tener un nuevo puerto de aguas profundas en Posorja, con capacidad para recibir a las enormes embarcaciones pospanamax, y agregar 750.000 TEU (unidad equivalente a un contenedor de 20 pies) a los casi dos millones que Guayaquil recibe actualmente.

Posorja debe ser planificada desde ya. Este paso tan crucial para nuestro crecimiento económico debe ser manejado de manera precisa. La empresa privada está dando un gran aporte a nuestra economía al invertir en nuevas infraestructuras portuarias. En contraparte, el sector público debe poner de su parte e impedir que se cometan los errores del pasado. Junto a Posorja deben planificarse nuevas áreas para instalaciones industriales y planes de vivienda para sus trabajadores. Caso Contrario, los traficantes de tierras harán su agosto en dicho sector y veremos el surgimiento de nuevas invasiones. Un escenario para nada apetecible para el próximo alcalde del cantón Guayaquil.

(O)

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2018-12-06T00:01:08-05:00
El Universo

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