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Tiempo de premios

2 de Diciembre, 2018 - 11h35
2 Dic 2018 - 11:35
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2 Dic 2018

Vuelvo sobre ideas que me han salido al paso en anteriores columnas. Haber hecho de la literatura una pasión, un trabajo y un medio de ver la vida puede ponernos unas anteojeras supradireccionales. Me tranquilizo pensando que lo bueno es que no hay ámbito humano que quede fuera del volcamiento literario, que de hecho, los profesionales de este quehacer estamos compelidos –y agradados– a mirar en todos los abismos.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara pone el marco, cada año, a dos premios fundamentales, entre otros, al Premio Fil de Literatura en Lenguas Romances, que acaba de recibir la poeta uruguaya Ida Vitale (y que tuvo antes tan respetables galardonados como Nélida Piñón, Juan Goytisolo, Emmanuel Carrere por nombrar solo tres) y al Premio Sor Juana Inés de la Cruz, que reconoce novelas escritas por mujeres y publicadas el año anterior. En 1996, nuestra Alicia Yánez Cossío lo compartió con la mexicana Elena Garro.

Dentro del mismo mes de noviembre, Barcelona publica la noticia de que la autora argentina Claudia Piñeiro se ha hecho merecedora al famosísimo Premio Pepe Carvalho, que desde 2006 distingue a escritores de novela policiaca de la talla de Henning Mankell, ya fallecido, y Andrea Camilleri, gigantes de la novelística negra. Pese a esa verdad del tamaño de una catedral de que no se escribe para ganar premios, la existencia de esos estímulos regados por el mundo entero tapiza el mundo literario, lo remueve y nutre, y pone a sus protagonistas en la mira de los lectores, que muchas veces los conoce a partir de la noticia de un galardón. La ausencia del Nobel en 2018 fue noticia. La creación de uno alternativo, dispuesto por intelectuales suecos y con votación universal, sacó a la luz a la escritora Maryse Condé, nativa de la isla Guadalupe, copiosa tratante del tema del colonialismo que ha rodeado a su raza.

En el Ecuador, noviembre es el mes en que el Municipio de Quito designa premios –bajo el rubro de Joaquín Gallegos Lara, para cuento, novela y teatro– y en los de este año son mujeres las ganadoras: María Fernanda Ampuero, Daniela Alcívar Bellolio y Gabriela Ponce.

Todo esto ilumina el camino de los autores o los envanece y distrae. Andar de viaje en viaje, de ceremonia en ceremonia con los consiguientes brindis y cenas puede bloquear periodos de creatividad, romper con la disciplina que si no es autoimpuesta peca de artificial. Admirables son los testimonios de escritores que custodian sus rutinas de escritura, que ponen muros en torno de sus vidas para que, pese a las repercusiones que producen sus obras, lo principal siga siendo su proyecto creativo. En el extremo están autores como Elena Ferrante, que se escondió detrás de ese seudónimo o, más todavía, como J. D. Salinger, que creyó que “los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida” y se fugó luego del clamoroso éxito de El guardián en el centeno.

Hoy, las redes sociales han convertido a los escritores en sus propios promotores porque ellos son los primeros en informar sobre el recorrido de sus vidas y obras. Así cambian las cosas. (O)

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2018-12-02T11:35:12-05:00
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