‘Yo no fui…

18 de Noviembre, 2018 - 00h00
18 Nov 2018 - 00:00
18 de Noviembre, 2018 - 00h00
18 Nov 2018

…Fue Teté, pégale, pégale, que ella fue”. Finalmente, ningún funcionario de mediano o alto rango será responsable por la fuga de uno de los menos buscados por la justicia ecuatoriana: Fernando Alvarado Espinel, Ph.D. Probablemente, la culpa, sanción y “desvinculación” recaerán sobre los empleados menos importantes y peor pagados, para alivio de los inocentes ministros. En esta sociedad y cultura poscolonial, una de las primeras cosas que los guardias, conserjes, mensajeros, secretarias, pasantes, empleadas de limpieza y “nuevos” deben aprender es que, cuidar la imagen del amo equivale a cuidar el puesto. En la función pública, e incluso en la empresa privada, es común que los trabajadores de perfil modesto deban tapar las faltas, chapucerías, sapadas, chuchaquis y hasta los amoríos de sus jefes, disimulando los errores patronales o atribuyéndoselos. Todo ello forma parte de nuestros tácitos códigos institucionales y laborales.

Entre pares, es decir, entre funcionarios del mismo nivel, la irresponsabilidad se sostiene de otra manera: mediante pactos perversos explícitos o sobrentendidos de cuantía variable, del tipo “yo no te delato si tú no me delatas”, y ello vale por igual entre los burócratas de medio pelo como entre los de rango ministerial. Pero en cualquiera de los dos casos, tanto entre el patrón y el subordinado como entre los iguales, el acuerdo de tapar la falta del otro –cuando existe– excepcionalmente se rompe por conflictos morales o consecuencias ideológicas. Las denuncias y “traiciones” obedecen más bien a motivos pasionales o al incumplimiento de los pactos. Lo pasional no implica necesariamente relación y decepción amorosa, aunque a veces sí. Lo pasional alude más bien al hecho de que somos una cultura donde las relaciones institucionales están inevitablemente coloreadas por la afectividad intensa y ambivalente.

El incumplimiento de los pactos o la insatisfacción con la inequidad de los beneficios, precipita las delaciones y las aproxima a la ruptura de los códigos que sostienen la lealtad en algunas sociedades secretas y marginales. En Sicilia llaman omertà a este principio de fidelidad y silencio sobre las actividades de la cofradía, y lo consideran un código de honor. Gracias a la ruptura del pacto, los denunciantes se rehabilitan moralmente, e incluso pueden beneficiarse de un acuerdo de cooperación eficaz con la justicia. En estos momentos, en el Ecuador, asistimos a un pequeño enjambre de acusaciones y denuncias como efecto de rupturas de acuerdos de silencio, que han determinado acusaciones formales contra algunos jerarcas del Gobierno anterior, incluyendo el anterior presidente de la República. ¿Será que la fuga de Alvarado se esclarecerá algún día por la misma vía?

Hace 45 años, Willy Brandt, el canciller de la entonces Alemania Federal, renunció a su cargo por algunos escándalos personales, y sobre todo porque su colaborador más cercano espiaba para la Alemania comunista y los soviéticos. A lo largo de estas décadas, muchos mandatarios y ministros europeos han renunciado apenas se ha sugerido algún incumplimiento de sus funciones que podría afectar a su país. ¿Sería demasiado esperar que nuestros presidentes y ministros sigan ese ejemplo? ¿Qué clase de sociedad y cultura somos nosotros, los ecuatorianos? ¿Qué rasgos de personalidad se requiere para elegir la carrera política en el Ecuador, y “triunfar” en ella? (O)

‘Yo no fui…
Lo pasional alude más bien al hecho de que somos una cultura donde las relaciones institucionales están inevitablemente coloreadas por la afectividad intensa y ambivalente.
2018-11-18T00:00:30-05:00
El Universo

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