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Rafael C.

12 de Noviembre, 2018
12 Nov 2018
12 de Noviembre, 2018 - 00h00
12 Nov 2018

La rabia del líder se debe repartir por partes, no necesariamente iguales, entre la jueza que olvidó por quién fue nombrada, su exvicepresidente que no respetó las reglas de la Familia, los soplones que no siguieron la omertá y cantaron amparados en una ley que él mismo promulgó, el oscuro personaje que con el secuestro pudo tener figuración, sus propios abogados que no interpretan el derecho con la maestría que él lo hace y los miembros de su gallada que no metieron el miedo necesario para parar a tiempo las cosas. Mucha gente para odiar y para repartir la culpa. Pero, ya se sabe que el prorrateo no es la mejor receta en materia de culpa, porque la disuelve. Además, al alivianar la carga de cada uno de los otros, la suya se hace más pesada.

La soledad, con un enorme bulto judicial, es el problema que Rafael C. debe enfrentar de aquí en adelante. Desde el ático bruselense, que en su ánimo se le aparecerá como un frío entretecho de Brujas, estará obligado a dedicar todo su tiempo a complicados cálculos de probabilidades para los próximos nueve años. Ese es el plazo que deberá esperar hasta que prescriba el delito, y deberá hacerlo en soledad porque al haber sido incluido en el juicio queda con un pie y medio cuerpo fuera de la política. Entra en una condición que resulta poco útil a sus hasta ahora fieles y obsecuentes seguidores. Ellos contaron siempre con la palabra y la presencia física de su líder. Ahora solo escucharán la palabra, pero esta suele ser muy sensible a la erosión que provocan el tiempo y la distancia. No podrá participar en la próxima campaña electoral, como lo hizo para la última consulta, mucho menos optar por una candidatura, como estaba planeado.

La gravedad del asunto y la posibilidad de que el golpe sea mayor (lo que puede ocurrir si se lo juzga por peculado, que no prescribe), han provocado reacciones desesperadas en sus huestes. Uno llama abiertamente a la acción directa, sin descartar medidas violentas. Otro se declara en huelga de hambre por no disponer de internet para consultar el Rincón del Vago que necesita para la carrera que está cursando. La desorientación ya los atrapó.

Esto no quiere decir que el personaje está acabado políticamente y que, en pocos meses, el correísmo vaya a ser cosa del pasado, como se sostiene en las redes sociales. Una mirada menos apasionada lleva a otras conclusiones. El golpe recibido es fuerte y seguramente tendrá efecto en las próximas elecciones, cuando sus candidatos deberán competir basados en sus propias fuerzas, sin el carisma del caudillo que fue el motor de arrastre durante diez años. Pero, aunque su palabra sonará solamente como un eco lejano para los votantes, en la decisión de estos influirán otros factores que pueden favorecerle al prófugo. El más importante de estos será la capacidad del Gobierno para revertir la situación de pesimismo que, según todos los sondeos de opinión, predomina en la población ecuatoriana. (O)

Rafael C.
La rabia del líder se debe repartir por partes, no necesariamente iguales, entre la jueza que olvidó por quién fue nombrada, su exvicepresidente que no respetó las reglas de la Familia, los soplones que no siguieron la omertá y cantaron amparados en una ley que él mismo promulgó, el oscuro personaje que con el secuestro pudo tener figuración, sus propios abogados que no interpretan el derecho con la maestría que él lo hace y los miembros de su gallada que no metieron el miedo necesario para parar a tiempo las cosas.
2018-11-12T00:00:34-05:00
El Universo

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