Santidad política

1 de Noviembre, 2018
1 Nov 2018
1 de Noviembre, 2018 - 00h00
1 Nov 2018

Hoy se celebra el Día de Todos los Santos, interesante festividad que intenta recordar a quienes lograron santidad con base en un comportamiento honesto, evadiendo tentaciones terrenales, viviendo sacrificios sin quejarse y aceptando todo tipo de vicisitudes, como una ofrenda para Dios.

Sin embargo, me sorprende descubrir que la política tiene una capa de magia que cubre a cada uno de sus adeptos volviéndolos “santos” de la vida pública, con fieles peregrinos incluidos, subidos en altares de madera, donde ofrecen milagros, especialmente en época de campaña. También pueden ser perseguidos por sus “creencias” y recibir denuncias de ser diletantes, deshonestos, ineptos y una retahíla de acusaciones de todo orden que son recibidas con indignación, e inmediatamente salen al paso con aclaraciones públicas para devolver el ataque a sus acusadores, utilizando la misma fórmula: ellos no fueron, no son, ni serán todo aquello que se les imputa. Son santos; trabajadores honestos que sacrifican tiempo con su familia como una muestra de que “solo viven para servir”.

Recuerdo haber estudiado la vida de algunos santos y era recurrente que luego de reconocer a Dios como fuente de paz y amor infinito, su vida se transformaba en un constante servicio al prójimo con entrega y humildad, aplicando la bíblica sentencia de “que tu mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha”.

En contraste, nuestros “santos políticos” tienen la huida como acción recurrente y en una retorcida variante de la frase anterior, su lucha es para que nadie se entere del enriquecimiento que se autogestionan. También parece que prefieren surfear la ola lejos de juicios y evitar el debido proceso, pero son expertos en armar sainetes por redes sociales donde ejecutan el papel de víctimas perseguidas por un “gobierno sectario” y se esfuerzan por denostar a los mismos que otrora fueron colegas y coidearios, en un burdo teatro donde priman la mala memoria e intriga.

Nuestra política nacional parece un mal chiste, un estereotipo del populismo y caudillismo latinoamericano. Vergonzoso reflejo de una sociedad indolente donde los corruptos se pasean libremente, las medidas cautelares son un saludo a la bandera, el cinismo campea a tal punto que se dicta prisión preventiva luego de que huyen del país y el único preso es visto como un tonto que no logró escapar a tiempo. Aunque lo vimos desde prisión empezar a trabajar en su calvicie, sin embargo, sus excoidearios torcieron el destino y ahora ha elegido ponerse a dieta. Temo que esta realidad paralela donde se sienten santos es efecto de la ambición por el poder que obnubila como droga.

En consecuencia, siento que es momento de que esta indignante broma con sorna al pueblo ecuatoriano termine, es imperativo que se deje de atentar contra la institucionalidad y se fortalezca el Estado de derecho, la impunidad no puede seguir ganando.

Finalmente, creo en la santidad de la vida cotidiana como una revolución contra la corrupción, como decía José María Velasco Ibarra: “¿Quieren revolución? Hacedla primero dentro de vuestras almas, todos los días sin amilanarse. Esa es la revolución: amor al progreso y a la justicia, venciendo todos los obstáculos”. (O)

Santidad política
Hoy se celebra el Día de Todos los Santos, interesante festividad que intenta recordar a quienes lograron santidad con base en un comportamiento honesto, evadiendo tentaciones terrenales, viviendo sacrificios sin quejarse y aceptando todo tipo de vicisitudes, como una ofrenda para Dios.
2018-11-01T00:00:38-05:00
El Universo

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