Los silencios de Moreno

23 de Octubre, 2018
23 Oct 2018
23 de Octubre, 2018 - 00h00
23 Oct 2018

Lenín Moreno ha convertido su gestión gubernamental en una práctica indescifrable, con poca identidad y a ratos opaca. Se comunica poco con la opinión pública, no concede entrevistas a la prensa, tampoco propone reflexiones sistemáticas sobre la gestión de su gobierno, ni ofrece explicaciones claras del rumbo hacia el cual conduce al Ecuador. Sus largos silencios no serían tan notorios ni significativos si no fuese la cabeza del Poder Ejecutivo en un régimen presidencial. En última instancia, por él pasan las decisiones políticas que se toman o se dejan de tomar. Moreno ha preferido un perfil bajo, con poquísima presencia pública, quizá para marcar un contraste con el desmedido protagonismo de Correa. Pero hemos pasado de un estilo asfixiante de conducción política a la invisibilidad de liderazgo.

El perfil bajo de Moreno significa que el país carece de un referente político fuerte y claro con el cual debatir los temas de interés público. Una cosa es imponer de modo autoritario la conducción y la línea gubernamental, como lo hacía Correa, y otra generar un vacío de referentes para la discusión y acción. Nunca sabemos bien qué piensa porque su presencia en el espacio público es mínima. En ninguno de los temas cruciales del país el presidente ha dado muestras de un manejo solvente ni tampoco de interesarse muy a fondo en ellos. Ha llegado incluso a tener expresiones de hartazgo y frustración con el manejo gubernamental, como aquella de hace unas semanas cuando afirmó que ojalá pudiera largarse pronto de la presidencia.

Pues bien, en medio de los largos silencios, Moreno salió hace tres semanas con un anuncio que ha dejado a todos sorprendidos y descolocados: la construcción del llamado tren playero. Un anuncio con todas las características de la demagogia política: una obra gigantesca de infraestructura, con un costo estimado de 1.000 millones de dólares, sobre el cual no hay un solo estudio previo. Con razón, algunos analistas han empezado a comparar el proyecto con los elefantes blancos de la revolución ciudadana: Yachay, la refinería del Pacífico... concebidos para generar falsas ilusiones de modernización y desarrollo detrás de las cuales se movían enormes intereses económicos. Todo suena improvisado en el famoso tren playero: los datos sobre sus costos, las etapas de su construcción, el trazado del recorrido, las cifras de la carga que movilizará, el fomento turístico que generará, el subsidio que requerirá del Estado y hasta la forma de la concesión.

Todo lleva a pensar que al discreto Moreno le han embarcado en este proyecto los hombres de negocios de su equipo, lo cual vuelve a levantar la pregunta de cómo toma las decisiones y cómo define las prioridades. Detrás de los silencios hay decisiones y formas de llegar a ellas que nunca se explican bien a la opinión pública por parte del presidente. Seguro que del tren playero no volverá a decir mucho más, lo dejará caer en el vacío, mientras las habas seguirán cocinándose. Moreno debería tomar más en serio el espacio y debate público porque es allí donde se juega una relación democrática, respetuosa, constructiva, movilizadora, entre el Gobierno y los ciudadanos. Lo del tren playero añade un elemento de preocupación a su gestión: cómo toma las decisiones, cómo las fundamenta y cómo las transmite al público. (O)

Los silencios de Moreno
Los silencios de Moreno
2018-10-23T00:00:44-05:00
El Universo

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