Delito y humor

21 de Octubre, 2018
21 Oct 2018
21 de Octubre, 2018 - 00h00
21 Oct 2018

Hay estilos de escritura que ejercen la atracción de un amor a primera vista. Eso es lo que me pasa con el de Andrea Camilleri, a cuyo conocimiento llego bastante tarde en mi vida. Me ha dado por vivir en estado de alerta sobre este escritor que tiene hoy 92 años, más de cien libros publicados, es un fumador empedernido y tiene la vista arruinada como para poder escribir sin asistencia. Con esos datos se nos puede morir en cualquier momento y yo lo voy a sufrir como si fuera un familiar. He leído más sobre él que su propia obra, pero ha sido suficiente para experimentar una fluida simpatía, un apego invisible.

Don Andrea es un faro mundial de literatura. De sus decenas de títulos, muchos de los cuales echan sus raíces en su Sicilia natal –qué pictóricos sus paisajes, qué marino su aire– pero los millones de ejemplares vendidos –las cifras varían entre 20 y 25 millones– se agrupan en torno de las aventuras policiacas de Salvo Montalbano, el comisario de una localidad inventada, realizadas en un lapso de treinta años. Como en el caso de varios grandes de la novela negra –Leonardo Padura, por ejemplo– el protagonista desarrolla un ciclo de vida dentro del cual caben los vericuetos y transformaciones naturales.

Hombre de izquierda, militante del Partido Comunista, tiene la lucidez de ser crítico con el presente y ver las mixturas políticas del gobierno actual, así como de considerar que el papa Francisco ha estado más atento a los problemas sociales que a los espirituales. Su incursión en la novela policiaca es de plena madurez, y lo que fue un proyecto para ver “cómo le iba” en esa materia, se convirtió en una avalancha de 22 novelas publicadas y dos guardadas en las que podría venir el final del afamado héroe.

Salvo Montalbano –que toma el apellido del deseo de hacer un homenaje al amigo español Manuel Vásquez Montalván, escritor del mismo género– es un hombre melancólico, gran gastrónomo, con enorme sentido de la justicia y refinado olfato deductivo. Tiene una novia de relación ocasional y es gran lector, en algunos textos lo encontramos apegado a Borges. Dando caminatas al borde del mar encuentra sus mejores iluminaciones.

Lo novedoso del trabajo de Camilleri es la clave humorística en que son contadas las novelas. Este no es un rasgo exclusivo del autor italiano, hasta en los afanosos y helados caminos de Wallander, el policía de Henning Mankell, aflora como para paliar el peso trágico de los horribles crímenes en el mundo nórdico. En el caso italiano se trata de un aire fresco permanente, que corre de manera estable con picos más altos en algunos personajes (Catarella, el recepcionista, es incapaz de recordar un apellido bien dicho), con salidas ocurridas del autoritario comisario, con referentes de ruptura de parte del narrador.

Una red de imágenes sensoriales –tener olfato de galgo siciliano– la humanización de las cosas, las comparaciones originales aportan un material retórico rico al arte de narrar historias simpáticas que se yerguen sobre el mundo del delito. Pero no nos engañemos, crimen es crimen, da gusto leer que en el mundo imaginario casi siempre es castigado. (O)

Delito y humor
Hay estilos de escritura que ejercen la atracción de un amor a primera vista. Eso es lo que me pasa con el de Andrea Camilleri, a cuyo conocimiento llego bastante tarde en mi vida.
2018-10-21T00:00:38-05:00
El Universo

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